La Semana de la Moda masculina de París concluyó con una clara tendencia pragmática y conservadora, marcada por trajes clásicos y prendas funcionales pensadas para el uso cotidiano.

Esta edición otoño-invierno estuvo lejos de ser excepcional, luego de un 2025 dominado por cambios en las direcciones artísticas de grandes casas de moda.

El calendario presentó menos desfiles, sin debutantes, lo que reforzó la percepción de continuidad y moderación creativa.

“Es una temporada bastante conservadora, sin propuestas increíbles”, afirmó Matthieu Morge Zucconi, jefe de moda masculina de Le Figaro.

La lectura general entre especialistas apunta a un regreso a lo esencial, dejando de lado apuestas arriesgadas o experimentales.

“Estamos en un periodo donde vamos directo a lo esencial, y eso se ve en los desfiles”, coincidió Astrid Faguer, periodista de Les Échos Week-End.

El contexto internacional y las dificultades económicas del sector lujo influyeron en las decisiones creativas de las marcas.

Diseñadores buscan tranquilizar a la clientela, apostando por propuestas seguras y duraderas para la próxima temporada invernal.

La combinación de traje y corbata se consolidó como uno de los ejes principales de las pasarelas parisinas.

Para Adrien Communier, editor de moda en GQ, esta sobriedad refleja un retorno a prendas funcionales y atemporales.

Según el especialista, consumidores y creadores ya no buscan piezas efímeras, sino looks capaces de perdurar.

“El contexto internacional es imposible de ignorar”, afirmó Communier, aludiendo a posturas más responsables y pragmáticas.

No obstante, la creatividad encontró salida en los accesorios y tocados llamativos.

Desde pelucas punk de Dior, gorras de cuero de Vuitton, boinas invertidas y máscaras de macramé, los tocados destacaron en las pasarelas.

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