Cuba inició una semana marcada por el racionamiento de combustible y la reducción drástica de actividades para enfrentar una grave crisis energética.

Desde ayer, el transporte público opera de forma intermitente y muchos viajeros dependen de taxis privados cuyos precios se dispararon.

En La Habana las calles lucieron menos concurridas ante el miedo por apagones y escasez de productos básicos, lo que preocupa a ciudadanos y turistas.

El gobierno decretó restricciones a la venta de combustible, recortes en viajes interprovinciales, trabajo a distancia y semanas laborales condensadas.

Miles de personas ahora caminan largas distancias o reorganizan horarios por falta de transporte accesible.

Rosa Ramos, enfermera, describió la tensión de esperar transporte por más de una hora: “medidas destinadas a evitar el colapso, pero cargadas de incertidumbre”.

La crisis energética se da en un contexto económico ya debilitado por contracción del PIB y elevada inflación que elevan el costo de vida.

El deterioro empeora por la interrupción del suministro petrolero desde Venezuela, presiones internacionales y restricciones que racionan incluso el combustible de aviación.

Como resultado, aerolíneas han cancelado o modificado vuelos, afectando al sector de turismo y la conectividad internacional.

Mientras tanto, el gobierno cubano intenta proteger actividades estratégicas que generan divisas, como la producción de alimentos y tabaco.

Analistas señalan que esta situación podría intensificarse si no se restablecen suministros de combustible y se mitiguen los efectos del bloqueo económico.

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