La aprobación unánime en el Senado de la República marca un punto de inflexión en la reforma laboral de 40 horas en México, una de las demandas históricas de la clase trabajadora. La presidenta aseguró que con esta modificación se cumple el compromiso central: reducir la jornada sin afectar el salario.
La nueva disposición establece una implementación gradual. A partir del próximo año comenzará la disminución con dos horas menos en la semana laboral; posteriormente, en 2028 y 2029 se aplicarán reducciones adicionales hasta consolidar, en 2030, la jornada de 40 horas semanales.
La mandataria descartó impulsar una nueva reforma para establecer dos días de descanso obligatorio, al señalar que la exigencia principal era alcanzar las 40 horas y que esa meta ya fue atendida. Subrayó que la reducción no implicará recortes salariales, lo que significa que los trabajadores mantendrán el mismo ingreso pese a laborar menos tiempo.
El acuerdo fue resultado de negociaciones entre el sector obrero y el empresarial, coordinadas por la Secretaría del Trabajo. Además, se vinculó con el reciente aumento al salario mínimo, fortaleciendo el poder adquisitivo en un contexto de ajustes estructurales al mercado laboral.
Para entidades como Puebla, donde miles de trabajadores del sector industrial y de servicios siguen de cerca los cambios en la legislación, la medida representa un ajuste relevante en la organización laboral y en la calidad de vida. La discusión ahora se centra en la adaptación empresarial y el impacto en la productividad rumbo a 2030.

