La publicación de 3.5 millones de documentos sobre el caso de Jeffrey Epstein volvió a sacudir a la política internacional. El material, difundido el 30 de enero por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, incluye correos electrónicos, fotografías y videos que exhiben la red de contactos del financiero, condenado en 2008 por delitos sexuales y fallecido en 2019 mientras enfrentaba cargos por tráfico sexual de menores.
En Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer enfrenta su mayor crisis desde que asumió el poder. La aparición reiterada de Peter Mandelson en los archivos derivó en su destitución como embajador en Washington y en la salida de altos funcionarios del gabinete. Paralelamente, el escándalo vuelve a colocar bajo presión al príncipe Andrew Mountbatten-Windsor.
En Noruega, la princesa Mette-Marit admitió intercambios de mensajes con el financista. En Francia, el canciller Jean-Noël Barrot remitió a la justicia posibles irregularidades. Brasil, por su parte, abrió una investigación reservada ante sospechas de nexos locales.
En Estados Unidos, el impacto alcanza a figuras como Bill Clinton, Donald Trump y Bill Gates, quienes han negado conductas ilícitas. También aparece el lingüista Noam Chomsky, cuya familia calificó el vínculo como un error de juicio.
La sola mención en los archivos no implica delito, pero la exposición pública ha detonado renuncias, comparecencias y crisis diplomáticas. Siete años después de su muerte, el nombre de Epstein continúa generando consecuencias políticas y reputacionales en ambos lados del Atlántico.

