La línea entre ficción y realidad se diluye. Lo que hace una década parecía argumento de ciencia ficción, hoy es una tendencia medible: parejas digitales impulsadas por Inteligencia Artificial (IA). En México, el fenómeno crece al ritmo de la hiperconectividad y la transformación de las dinámicas sociales.

El sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, Daniel Hernández, advierte que la tecnología no solo acorta distancias, también genera desconexión en el entorno inmediato. La posibilidad de construir un vínculo a la medida —sin confrontaciones ni diferencias— ha seducido principalmente a jóvenes que privilegian la afinidad total sobre la diversidad.

De acuerdo con un estudio de Kaspersky, 13% de los usuarios en México ha mantenido una relación con un compañero virtual basado en IA. Además, entre 25% y 30% de la Generación Z utiliza herramientas como OpenAI mediante plataformas conversacionales tipo ChatGPT, inicialmente para tareas académicas, pero cada vez más para interacción emocional.

Patricia González Rodríguez, directora del Colegio de Psicología de la Universidad del Claustro de Sor Juana, señala que estos sistemas “no emiten juicios y responden de forma empática”, lo que los vuelve atractivos para personas con timidez o inseguridad. Sin embargo, advierte riesgos como aislamiento social, dificultad para sostener conversaciones presenciales y menor búsqueda de apoyo profesional.

Especialistas coinciden: la IA es una herramienta, no un sustituto afectivo. El auge de las relaciones virtuales refleja más la fragilidad de los espacios de escucha que el poder tecnológico. En 2026, el debate no gira en torno a si estas parejas existen, sino a qué revelan sobre nuestra forma de vincularnos.

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