A seis años del multiasesinato de los estudiantes de Medicina y al conductor de Uber, en aquel 23 de febrero de 2020, durante el carnaval de Huejotzingo, la delincuencia sigue enlutando a familias poblanas.

Antes y desde ese año, la violencia ligada a la delincuencia sigue en ascenso, y los últimos gobiernos no han podido obviamente frenarla y están muy lejos de erradicarla, por el contrario, es más sangrienta, sádica y hasta terrorista.

La segunda semana de febrero nuevamente fue negra en el historial criminal en Puebla donde se han asentado células del crimen organizado que han superado la capacidad de respuesta de las corporaciones policiales, a las que incluso han infiltrado.

Paradójicamente el día del amor y la amistad al multihomicidio en el bar Sala del Despecho, en la zona comercial de Angelópolis, le siguieron otros hechos de violencia en el estado, no solo en el exclusivo negocio de la ciudad de Puebla. Las víctimas mortales fueron identificadas como Gisele, Joaquín y Emmanuel.

Y no es que las corporaciones de seguridad municipal y estatal no hagan nada, pero lo que hacen es insuficiente ante la capacidad logística, uso de tecnología avanzada, financiamiento, inteligencia criminal y armamento sofisticado del crimen organizado.

En esa semana, investigadores de la Fiscalía General del Estado, con el apoyo de la SSP estatal y la Guardia Nacional (GN) trabajaron en el hallazgo restos óseos de una fosa clandestina en locales abandonados del tianguis del Mercado Morelos.

En ese lugar no es la primera vez que hallan una fosa clandestina, como tampoco la incursión de grupos delictivos que ante la falta de una estrategia de seguimiento, se reagrupan y mantienen el control de actividades como la extorsión, cobro de piso, narcomenudeo y homicidios dolosos.

La ineficiencia policial está relacionada a malos policías y mandos sin experiencia de prevención y persecución de delitos, y eso les ocurre a los militares que no están preparados para estas tareas, y lejos de contribuir, lo entorpecen todo.

Sólo en ese lugar, en el Mercado Morelos, la banda de El Grillo -aún con el líder fallecido- se ha diversificado, establecido nuevas alianzas con grupos criminales y dominan mayor territorio.

Las bandas delictivas en ese lugar, como en los mercados Unión, La Acocota e Hidalgo sigue tan impune como el templo de la Santa Muerte sobre la avenida Carril de la Rosa, en la colonia 10 de Mayo, quienes han tenido protección de policías del sector.

Ese grupo delictivo en lo particular, en su origen estaba, está ligado a grupos políticos del oficialismo que los ha utilizado como robar urnas en elecciones, golpeadores y hasta de porra en mítines partidistas.

Luego entonces, hay manera de entender el poder criminal y expansivo de los grupos delictivos en territorio poblano que han dividido el estado como “la plaza”.

La misma madrugada del 14 de febrero, en Atlixco, se registró un ataque armado a un baile sonidero en un evento realizado en la junta auxiliar de Trinidad Tepango, donde se celebraba el aniversario del grupo Crazy Homies con la presentación de Sonido Fantasma.

Sujetos a bordo de motocicletas arribaron a las inmediaciones del recinto y dispararon contra los asistentes, en lo que se presume fue una agresión directa.

Esa misma madrugada, en el municipio serrano de Zacatlán, se registró el robo armado de un vehículo en el puente de la Marimba, y el hallazgo de dos personas sin vida con impactos de bala en la colonia Linda Vista.

Lo anterior descrito es de una semana trágica que daña a familias poblanas que pierden a seres queridos, pero les han antecedido semanas que dañan la salud mental de una sociedad aterrorizada por cuerpos incinerados, desmembrados, embolsados, entambados…

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