La monarquía británica enfrenta uno de sus episodios más delicados luego de que el rey Carlos III declarara que “la justicia debe seguir su curso” tras el arresto de su hermano, el expríncipe Andrew Mountbatten-Windsor, por presunta mala conducta en el ejercicio de un cargo público, en el marco del caso Epstein.

La detención fue confirmada por la policía de Thames Valley Police, que informó sobre la captura de un hombre de aproximadamente 60 años en Norfolk y la realización de registros en dos propiedades. Las imágenes de vehículos sin identificación en la finca de Sandringham intensificaron la atención mediática.

El exrepresentante especial para Comercio Internacional entre 2001 y 2011 vuelve así al centro del escándalo tras la publicación de documentos que lo vinculan con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein. Correos electrónicos revelados recientemente apuntan al envío de información confidencial sobre inversiones y viajes oficiales.

La Fiscalía de la Corona advirtió que este delito podría alcanzar cadena perpetua, mientras que nuevas acusaciones reavivan el debate sobre la transparencia institucional y la rendición de cuentas dentro de la familia real. El año pasado, el monarca ya había retirado a Andrew sus títulos oficiales, en un intento por contener la crisis reputacional.

Con este nuevo giro judicial, el caso vuelve a colocar bajo escrutinio internacional a la Corona británica, en medio de una investigación que promete escalar políticamente y redefinir la imagen pública de la realeza en 2026.

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