Como cada 5 de mayo, desde hace una década, Guillermo y Delfina, originarios de Santa Isabel Tepetzala —región ubicada en Acajete, Puebla— volvieron a instalar su puesto de “memelas” elaboradas a la leña, previo al paso de los contingentes del desfile conmemorativo.

Sobre el bulevar 5 de Mayo y la 25 Oriente, en la zona donde se encuentran los árboles que resguardan las paradas del RUTA, entre el ir y venir de familias, comerciantes y visitantes que comienzan a apartar lugar para presenciar el recorrido, su anafre encendido se convierte en uno de los primeros puntos de reunión.

En entrevista con 24 Horas, la pareja contó que año con año acude con todo lo necesario para montar su cocina tradicional, trasladando desde su comunidad cada utensilio indispensable. “Nosotros nos traemos el comal, el anafre y la leña desde allá”, compartieron, mientras preparaban los alimentos para sus clientes.

Desde antes de que la vialidad se llene, colocan el fogón, avivan la leña y comienzan a preparar la masa. Ahí mismo, frente a los clientes, forman a mano cada tortilla que posteriormente colocan sobre el comal caliente, lo que da como resultado el característico sabor ahumado. Las salsas, explicaron, ya las llevan preparadas desde casa, listas para complementar cada orden.

Guillermo y Delfina detallaron que las “memelas”, también conocidas como “gorditas”, las venden en 20 pesos, mientras que las quesadillas tienen un costo de 30 pesos, buscando mantener precios accesibles para quienes acuden a disfrutar del desfile. A lo largo del día, su puesto no solo ofrece alimento, sino también una muestra de cocina tradicional que conecta con las raíces de la región poblana de donde son originarios.

La actividad se ha convertido en un esfuerzo completamente familiar. En esta ocasión acudieron acompañados de su hijo, su nuera y sus nietos. “Mi nuera nos ayuda a preparar y mi hijo se encarga de la leña, de irla acomodando en el anafre”, señaló Delfina. Mientras tanto, los más pequeños observan y participan de manera indirecta, aprendiendo una tradición que podría continuar en las siguientes generaciones.

Para la pareja, instalarse cada año en este punto no es una casualidad, sino una costumbre que han mantenido con disciplina durante 10 años, consolidando poco a poco una clientela que ya los identifica y los busca en esta fecha.

Aunque reconocen que el 5 de mayo representa una oportunidad importante por la alta afluencia de personas, también admiten que las ganancias no siempre son las esperadas. “No sale mucho, apenas para comer”, señalaron. Sin embargo, enfatizaron que más allá del ingreso económico, hay una motivación personal que los impulsa a regresar cada año.

“Lo hacemos porque nos gusta ver cómo la gente disfruta de lo que preparamos (…) así no nos aburrimos”, expresaron, al destacar la satisfacción que les genera formar parte de una de las celebraciones más representativas de Puebla.

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