Desde muy temprano, la ciudad comenzó a transformarse. Las calles cercanas al bulevar Héroes del 5 de Mayo y la 14 Sur se llenaron de familias que, paso a paso, avanzaban con un mismo destino: alcanzar un buen lugar para presenciar el desfile cívico-militar conmemorativo de la Batalla del 5 de Mayo.

Padres, madres, abuelos y niños se abrían paso entre la multitud con sombrillas, gorras y sombreros para protegerse del sol que, conforme avanzaban las horas, se hacía más intenso. A la orilla de las banquetas, los espacios se ocupaban con rapidez: algunos en gradas, otros desplegaban sillas plegables y otros extendían cartones o simplemente se acomodaban en el suelo, decididos a no perderse detalle.

La espera se convirtió en un ritual colectivo. Los niños, con pequeñas banderas en mano, jugaban y preguntaban cuándo comenzarían a pasar los soldados; los adultos, atentos, observaban el movimiento de los cuerpos de seguridad y el cierre de calles, mientras el murmullo de la multitud crecía poco a poco hasta convertirse en un ambiente vibrante.

El paso firme del contingente del Heroico Colegio Militar marcó el inicio del desfile, arrancando los primeros aplausos. Detrás, los elementos del Ejército Mexicano y la Marina avanzaron con precisión, en formaciones que imponían respeto y admiración. A su paso, los poblanos respondieron con entusiasmo y alegría, levantando la voz, aplaudiendo y capturando cada instante con sus teléfonos.

La escena se enriqueció con la participación de cuerpos de emergencia: Protección Civil, ambulancias, personal de rescate y binomios caninos que, con disciplina y energía, también formaron parte del recorrido. Los llamados “perritos rescatistas” se robaron las miradas y provocaron sonrisas espontáneas entre niñas y niños que no dejaban de señalarlos con emoción. Al igual que las águilas de rescate, llevadas por soldados.

En esta edición 2026, una de las imágenes más significativas se repitió a lo largo de todo el trayecto: padres que cargaban a sus hijas e hijos sobre los hombros para que pudieran observar mejor el desfile. Desde esa altura, los pequeños saludaban con entusiasmo a los contingentes, algunos intentando imitar el paso marcial de los soldados, otros simplemente dejándose llevar por la emoción del momento.

A su vez, un espacio sobre la 25 y el 5 de mayo, para personas con discapacidad permitió que las personas con este tipo de discapacidades, pudiera observar el paso de los contingentes sin interrupciones.

Más adelante, el ambiente tomó un giro distinto con la llegada de los contingentes escolares. Estudiantes del CENCH, del BINE y de diversas instituciones educativas hicieron su aparición con pasos sincronizados, uniformes impecables y el acompañamiento de bandas de guerra y marching bands. El sonido de los tambores y las cornetas retumbó en las calles, marcando el ritmo de un desfile que no solo honra la historia, sino que también celebra la participación de nuevas generaciones.

Cada grupo era recibido con ovaciones, especialmente cuando entre los participantes se encontraban familiares o conocidos de quienes observaban desde las aceras. Los celulares se alzaban, las manos se agitaban y los nombres se gritaban entre la multitud.

📌Esto también te va a interesar, dale click 📌

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *