La construcción de ciudades inteligentes frente a las crisis globales no debe centrarse únicamente en el desarrollo tecnológico o en la infraestructura material, sino en el bienestar de las personas, fue el mensaje de la Premio Nobel de la Paz y activista por los derechos humanos, Rigoberta Menchú Tum, durante el tercer día de actividades del Smart City Expo Latam Congress.
Acompañada por el alcalde de Puebla, José Chedraui Budib, la líder indígena maya quiché impartió la conferencia Hacia ciudades más humanas, inclusivas y sostenibles, en la cual exhortó a gobiernos, académicos, empresarios y sociedad civil a colocar al ser humano en el centro de las políticas públicas.
Durante su intervención, Menchú Tum advirtió que la inteligencia artificial (IA) y los avances tecnológicos, por sí solos, no garantizarán mejores condiciones de vida si se pierde de vista el desarrollo integral de las personas.
“Si vamos a formar una ciudad muy inteligente porque puede manejar la inteligencia artificial y estamos olvidando al ser humano, ¿cómo vamos a hacer una alianza hoy para que funcione?”, cuestionó ante los asistentes.
La activista señaló que el mundo atraviesa actualmente una “crisis global de deshumanización”, situación que, afirmó, obliga a replantear la manera en que se diseñan las urbes y se construyen las políticas públicas.
Recordó que desde hace varias décadas, diversos foros internacionales han advertido que el futuro de la humanidad depende de preservar los valores, fortalecer la convivencia pacífica y promover sociedades más incluyentes.
En este contexto, hizo un llamado a consolidar liderazgos éticos y comprometidos con sus comunidades, al considerar que las ciudades requieren autoridades y ciudadanos con visión de largo plazo, capaces de prevenir conflictos sociales y generar soluciones sostenibles.
Asimismo, rechazó cualquier forma de violencia como mecanismo para resolver diferencias, al sostener que ni las protestas violentas ni las agresiones pueden justificarse dentro de una sociedad democrática.
“Jamás me podría ver en una situación donde pueda legitimar la violencia”, expresó la ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992.
En otro tema, defendió el valor de las lenguas indígenas y sostuvo que una ciudad verdaderamente inteligente debe reconocer, preservar e incorporar los conocimientos, identidades y formas de entender el mundo de todos los pueblos.
“El problema no es la inteligencia, sino cómo incluir la inteligencia de otros para que el mundo inteligente que queremos sea un mundo inteligente para todos”, afirmó.
Finalmente, convocó a impulsar una cultura de paz basada en el diálogo, el respeto mutuo y la construcción de acuerdos entre los distintos sectores de la sociedad: “Escuchémonos mutuamente para poder escuchar cada vez más y más”, concluyó.
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