rán bombardeó ayer a Omán y Catar, naciones clave en la mediación con Estados Unidos. Estos ataques ocurrieron tras negociar los tránsitos en el estrecho de Ormuz.
Omán protestó formalmente contra el embajador iraní. Por su parte, Catar reportó tres heridos, incluido un menor, calificando los incidentes como una escalada peligrosa e inaceptable.
Los ataques iraníes con misiles y drones alcanzaron a seis países. Todo inició por el buque GFS Galaxy, cuya tripulación fue rescatada tras un incendio provocado por fuerzas iraníes.
Los Guardianes de la Revolución justificaron la agresión alegando que el barco usó una ruta no autorizada. Teherán exige que los navíos utilicen el corredor norte, cercano a sus costas.
El cierre del estrecho es inminente según las autoridades iraníes. Washington, a través de su Mando Central, niega el control de Irán y asegura que el tráfico sigue fluyendo actualmente.
Sin embargo, los datos marítimos son alarmantes. Tras los ataques, el flujo de barcos cayó drásticamente, pasando de cientos de navíos semanales a apenas 22 el pasado jueves.
La crisis tiene raíces profundas en el memorando de junio. Existe una peligrosa ambigüedad sobre la gestión del paso marítimo, lo cual fue advertido anteriormente por diversos expertos internacionales.
Este conflicto se agrava tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei. Su hijo y sucesor, Mojtaba, ha prometido venganza, aumentando la incertidumbre política en toda la región del Golfo.
Pese a la violencia, Omán mantiene su voluntad de continuar con las conversaciones técnicas. Pakistán, como mediador, ha solicitado máxima moderación para evitar un conflicto mayor e incontrolable.
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