Un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) mató a tiros a un joven en Biddeford, Maine. Es la segunda muerte por agentes federales esta semana.
Vecinos identificaron a la víctima como Joan Sebastián Guerrero, un repartidor de 26 años. Activistas señalan que Guerrero contaba con un estatus migratorio regular y número de Seguridad Social.
El senador Angus King confirmó que el joven no era el objetivo del operativo. ICE argumentó que los agentes cumplían una orden de deportación cuando este intentó huir.
Según la versión oficial, el agente disparó por riesgo a la seguridad pública. Sin embargo, King reveló que los oficiales no portaban cámaras corporales, impidiendo verificar los hechos.
Este incidente sigue un patrón documentado. En Houston, el mexicano Lorenzo Salgado murió en condiciones similares. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha dado versiones que testigos suelen cuestionar.
El Caucus Hispano del Congreso contabiliza 68 muertes relacionadas con acciones de ICE bajo la administración de Trump. De estas, nueve corresponden a personas abatidas directamente por agentes federales.
La crisis se agrava tras conocerse que el American Immigration Council calcula una muerte bajo custodia migratoria cada semana. Pese a esto, el DHS decidió dejar de publicar cifras.
Hasta el momento, ningún agente ha enfrentado cargos penales. Fiscales locales denuncian que procesar a personal federal resulta un proceso extremadamente complejo ante las actuales leyes migratorias vigentes.
La tensión aumenta mientras el FBI recaba indicios en la zona del incidente. La falta de transparencia y el uso excesivo de fuerza son el centro de las protestas actuales.
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