Uno de cada seis mexicanos en la tercera edad presenta síntomas depresivos significativos

 

Por Ma. Guadalupe Chávez Ortiz

El pasado 7 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Salud y este año el tema elegido fue la depresión, por lo que es de interés dialogar en torno a esta problemática que impacta a un gran número de personas de todas las edades.

Se estima que para el año 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad en el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La depresión afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales además de ser la principal causa de problemas de salud y discapacidad en todo el mundo; de acuerdo con estimaciones de la OMS (2017) más de 300 millones de personas viven con depresión y lamentablemente se ha incrementado 18% de 2005 a 2015.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por un estado de tristeza, enlentecimiento físico e intelectual, se presenta una falta de motivación por situaciones que antes eran atractivas, provoca angustia mental y afecta la capacidad de las personas para llevar a cabo incluso tareas cotidianas simples. Se presenta un exceso de ideas pesimistas y de desesperanza, a nivel fisiológico se altera el sueño presentando insomnio y falta de apetito y una falta de capacidad en la concentración.

n. Es uno de los padecimientos psicogeriátricos más frecuentes. / ESPECIAL
Es uno de los padecimientos psicogeriátricos más frecuentes. / ESPECIAL

No podemos mirar la depresión como algo aislado ya que ésta es el resultado de interacciones mucho más complejas que están vinculadas a factores psicológicos, biológicos y sociales, mismos que aumentan la posibilidad de presentar depresión como el desempleo, la falta de oportunidades laborales, dificultades económicas y violencia generalizada, entre otras.

También existen circunstancias vitales desfavorables que pueden encaminar episodios de depresión como los duelos, el estrés social, laboral o de relaciones, en casos específicos situaciones generacionales. En los adolescentes, por ejemplo, las situaciones de bullying en el colegio, violencia en las relaciones de pareja, falta de empatía con sus iguales, drogas o alcohol, son situaciones que propician la aparición de este mal. En el peor de los casos, la depresión puede provocar el suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años de edad.

 

En el caso de los adultos mayores, uno de cada seis en México presenta síntomas depresivos significativos (Ensanut, 2012). La depresión es dos veces más común en mujeres que en hombres, pues existen elementos biológicos que favorecen su aparición.

En el caso de los adultos mayores, las pérdidas generalizadas de amigos y familiares de su generación, la falta de oportunidades laborales o la jubilación, la soledad, la viudez y la falta de autonomía pueden provocar depresión, en muchas ocasiones percibimos a nuestros adultos mayores como desanimados, cansados o simplemente sin ganas de hacer cosas, de salir, de arreglarse, no se pone cuidado a ello ya que se percibe como una situación “normal” del envejecimiento.

La depresión es uno de los padecimientos psicogeriátricos más frecuentes y en México su prevalencia global es de 9.5% en mujeres y 5% en hombres mayores de 60 años. En la mayoría de los casos no es diagnosticada por la presentación atípica de la misma o por la falsa creencia de que forma parte del envejecimiento (Espinosa, 2007).

En un estudio realizado en el noreste de México con adultos mayores jubilados y pensionados (Acosta, 2007), se encontró que 42% de ellos presentaba depresión; otros estudios han demostrado que adultos mayores dependientes de manera física son más propensos a presentar síntomas depresivos, así como los que viven solos.

Muchos adultos mayores en nuestro país se vuelven dependientes física y económicamente, situación que los vuelve vulnerables pues necesitarán asistencia y ayuda durante varios años. Los adultos mayores experimentan sentimientos de ineficiencia, situación que los encamina a experimentar soledad y angustia, que en muchas ocasiones se transforma en depresión.

La OMS reporta que aunque existen tratamientos eficaces para atender la depresión, más de la mitad de los afectados en el mundo no reciben el tratamiento, entre las limitaciones, de las que México no está exento, son la falta de recursos y de personal sanitario capacitado.

Finalmente, es importante que al percibir circunstancias atípicas de comportamiento se busque ayuda profesional. Por mínimo que parezca no hay que dejar pasar situaciones que consideramos pasarán con el tiempo; una atención oportuna y profesional puede favorecer mejores condiciones de vida para los adultos mayores.

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Bibliografía

Acosta, C. O. (2007). Ansiedad y depresión en adultos mayores. Psicología y Salud, Vol 17, No. 2.

Espinosa, A. A. (2007). Guía de práctica clínica para el diagnóstico y tratamiento de depresión en los adultos mayores . Salud mental, Vol. 30. No. 6.

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