La Quinta Columna

Por: Mario Alberto Mejía

 

Eva Cadena volvió a caer no en la trampa que le tendieron sino en la trampa que ella se tendió.

La corruptora estaba en su papel de corromper —valga la redundancia—a la potencial corrompida.

Y lo logró de nuevo.

Y no sabemos si hubo una tercera o cuarta vez.

Pero Eva Cadena no es la excepción en el equipo que rodea a López Obrador.

Es, por lo pronto, la más visible corrompida.

La más reciente.

Cuando Carlos Ahumada grabó, entre otros, la corrupción de René Bejarano y Carlos Ímaz no estaba haciendo nada indebido.

Hizo lo correcto:

Exhibir a los muy corrompibles compañeros de ruta de AMLO.

(Uno pensaría que después de haber sido exhibidos esos videos, López Obrador habría roto cualquier relación con ellos. No fue así. Al contrario. A la esposa de Imaz la convertirá en candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, en tanto que a Bejarano lo sigue teniendo como parte de su equipo de porros VIP).

Ahumada sabía lo que hacía cuando grabó a Bejarano e Ímaz. La señora que filmó a Eva Cadena también.

En ambas películas se reunieron los personajes de siempre:

El corruptor y el corrompido.

Para que el segundo surja debe existir el primero.

Sin corruptor no hay corrompido, pero sin corrompido no hay corruptor.

En el caso de los acólitos de López Obrador hubo corrompidos potencialmente cínicos, pues fueron una y otra vez a la escena del crimen.

Bejarano era un asiduo visitante a la oficina de Ahumada.

Eva Cadena —ya se vio— fue cuando menos dos veces con su corruptora.

Si Ahumada y la misteriosa señora no hubieran encontrado eco a sus afanes corruptores la trama no se habría dado y ahorita estaríamos hablando de otros temas.

El caso es que el ejercicio de la corrupción se dio y López Obrador tendría que tomárselo muy en serio.

Y tendría que empezar a hacer una purga entre sus Bejaranos, sus Bartlett, sus José Juanes y sus Monreales si no quiere llevarse fuertes dolores de cabeza.

Mucha gente cita la célebre frase de Cayo Julio César sin saber el contexto en que la dijo:

“La mujer del César no sólo debe ser honrada sino parecerlo”.

Todo empezó porque su esposa —Pompeya Sila—acudió a una Saturnalia al poco tiempo de que éste había sido ungido emperador de Roma.

Plutarco —célebre historiador doblado de biógrafo— narró que la Saturnalia era una orgía sexual muy recurrente entre las damas de la alta sociedad romana.

Y aunque la esposa de Cayo Julio César no participó ni en los roces ni en las arremetidas, ni en las penetraciones, su sola asistencia fue suficiente para que éste se divorciara.

Las más conspicuas matronas romanas salieron en defensa de Pompeya y aseguraron que únicamente acudió como espectadora.

César les respondió entonces con la frase arriba citada.

En otras palabras:

Los hombres y mujeres cercanos a López Obrador no sólo deben ser honrados sino parecerlo.

Eva Cadena y Bejarano fueron dos veces cada uno a la Saturnalia y fueron grabados teniendo sexo con todo mundo.

Su reincidencia habla de que la orgía les encantó.

Aunque sólo fue una vez, Ímaz también disfrutó de la embestida.

(Hubo incluso un close up a la hora de la felación).

Como marido engañado, López Obrador cerró los ojos y negó los hechos.

Llegó al extremo de culpar a la Mafia en el Poder de haberles puesto un “cuatro”.

Tendría que aprender de Cayo Julio César y divorciarse de ellos antes de que las murmuraciones terminen por matarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *