Unos 10 mil integrantes de sindicatos y agrupaciones de distintos gremios salieron a las calles para exigir mejoras laborales
Por Osvaldo Valencia
Foto Ángel Flores
Desde la primera marcha poblana del Día del Trabajo, en 1965, las demandas de los trabajadores eran sencillas y directas: mejores salarios, prestaciones y días feriados pagados.
A más de 50 años después, el discurso no ha cambiado, e incluso se ha transformado en algo más político que laboral, señala Margarita Orea, una de las marchistas de esa primera manifestación.
Hoy, alejada de las marchas, se sienta a un costado de la protesta que toma la avenida Reforma de la capital poblana para recordar los tiempos en los que los trabajadores se unían por sus derechos.
“Yo trabajaba en la penitenciaría de Puebla, en un taller como manufacturera. En ese tiempo salimos a la calle para exigir mejores sueldos, que nos pagaran los días feriados como el primero de mayo, el 10 (de mayo), y que nos pagaran horas extras”, relató.
Este año aproximadamente 30 agrupaciones, con un total de 10 mil personas, entre sindicatos y asociaciones de distintos gremios como educadores, comerciantes, telefonistas y ambulantes, así como grupos civiles, salieron a las calles para exigir mejoras laborales, aunque otros grupos iban con objetivos particulares.
“No te podría calcular cuántos trabajadores salimos en ese momento pero éramos más que ahora, estábamos más organizados y buscábamos el mismo objetivo” reiteró Margarita.

Desde las nueve de la mañana, los trabajadores, encabezados por los contingentes del Sindicato Independiente de Trabajadores de Volkswagen de México (Sitiavw) y la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), salieron desde la avenida Juárez y el Parque Juárez, respectivamente.
Bajo las consignas de aumentos salariales y el arreglo de la ciclopista México-Puebla para ampliar los carriles para automóviles, las agrupaciones de trabajadores avanzaron sobre el corredor gastronómico hasta llegar a la avenida Reforma, donde se encontrarían con los demás frentes.
“Lo que venimos exigiendo son mejores condiciones salariales, mayores prestaciones y un alto al tope del incremento salarial anual” comenta Jorge Rosales, trabajador en el área de montaje de la armadora alemana. “Cada vez nos dan menos dinero y el gasolinazo también nos afecta, sobre todo en los productos de la canasta básica” enfatizó.
Otra de las protestas que eclipsaron la manifestación fueron las reformas estructurales que impulsó el presidente Enrique Peña Nieto, en específico la reforma a las telecomunicaciones, señalando que el objetivo del Instituto federal de Telecomunicaciones (Ifetel) es dividir a las empresas y al sindicato telefonista.
“Es la única oportunidad que tenemos de protestar. Lo que el Ifetel quiere es dividir a las empresas y sindicatos de telefonistas, y ya golpearon a maestros, petroleros, ferrocarrileros, electricistas, comerciantes, y al seguro social”, expuso Armando González, trabajador de Telefonistas de México, sección 3.
“Nos acusan de preponderantes cuando fueron ellos (el gobierno federal) los que nos pidieron que pusiéramos toda la infraestructura para llevar la telefonía a todo el país. Es una injusticia” acusó el telefonista.
La Unión Popular de Vendedores Ambulantes (UPVA) 28 de octubre, liderados en la marcha por Rita Amador, esposa de Rubén Sarabia Sánchez Simitrio, protestó por la liberación de los presos políticos, casi antes de que la manifestación finalizara.
“En esa ocasión logramos todo lo que pedíamos, lo que pasa ahora es que el gobierno nos escucha pero no nos cumple, y no nos cumple porque no saben pedir para todos, sino por sus intereses” remata Margarita, mientras ve pasar la marcha, la misma en la que estuvo hace más de 50 años.
