La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam

Al interior del PAN, algunos personajes ya venían hablando —en corto— de la desazón de su candidato.

Revelaban que andaba mal y de malas: irascible y deprimido.

(Como aquellos versos de Rubén Darío: “La princesa está triste, / ¿qué tendrá la princesa?”).

Y es que el reportaje sobre la defraudación fiscal a la que recurrió desde su doble papel de representante legal y director ejecutivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) lo sacó de sus casillas.

Desde entonces su ánimo se enturbió.

Gritaba “¡chintoles!” por todo, regañaba a su jefe de prensa, se refugiaba en el hombro derecho de su esposa.

(El hombro izquierdo, el suyo, es un hombro saltarín que resiente el estrés inmediatamente).

Desde que apareció el tema de la defraudación fiscal se le fue el sueño, me confió una persona de su círculo cercano.

“Eso sí le pegó”, me dijo.

“Pero ya viene la respuesta”, adelantó.

Imaginé una rueda de prensa clara y expedita —y muy puntual—sobre ese tema.

El resultado no pudo ser peor: un desplegado lleno de mentiras firmado por su club de amigos.

Ya se sabe: Ángeles Mastretta y Jorge G. Castañeda, entre otros.

Los mismos que apoyaron con todo a Ricardo Anaya en la elección presidencial.

Ahí, con una prosa porosa, exigen en pocas palabras que el SAT y la Fiscalía General de la República no vayan a fincarle responsabilidades al candidato del PAN.

El hipócrita lector leyó muy bien:

Nuestros intelectuales más panistas piden, exigen, ruegan, imploran, ufff, que las autoridades no apliquen la ley.

Quién lo iba a decir.

Desde el sábado anterior, Cárdenas mandó ese mensaje en la columna Templo Mayor, de Reforma:

“HACE unos días, el renombrado académico fue objeto de oootra acusación sin fundamento, esta vez por un supuesto fraude fiscal que nunca existió y que fue aclarado desde hace dos años.

“(…) EN RESPUESTA, en estos días saldrá un pronunciamiento público de diversas personalidades, tanto políticas como académicas, exigiendo precisamente poner fin a la guerra sucia contra el ex rector de la UDLAP.

“A VER si esta vez la autoridad electoral y la FGR de Alejandro Gertz toman en serio el asunto”.

Cárdenas sabe lo que se comió.

Por eso, Miguel Barbosa lo ha venido llamando “poluto” y “fichita”.

De ahí el ya célebre tic del hombro izquierdo.

(Un tic ligado a la chequera en dólares o en libras esterlinas).

Por si fuera poco, una semana después del escándalo de la defraudación fiscal, el CEEY —el centro usado por Cárdenas para enriquecerse— fijó una postura —idéntica a la del desplegado de los intelectuales protopanistas (que en el pasado reciente fueron protopriistas)—que trae una perla mejor que la de la película del Indio Fernández.

Vea usté el fragmento de esta nota de Mario Galeana:

“El CEEY negó esta presunta violación (La de la defraudación fiscal) al señalar que Cárdenas Sánchez no desplegaba actividades administrativas sino operativas, ‘es decir, que desarrolla actividades vinculadas al cumplimiento de los fines propios de una donataria autorizada.

“‘En ese sentido, el artículo 138 del Reglamento de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (fracción IV, inciso A) menciona a la letra que: No quedan comprendidos en los gastos de administración, aquellos que la donataria deba destinar directamente para cumplir con los fines propios de su objeto social’”.

Genial.

Así que el salario millonario de Cárdenas —en los últimos años llegó a ganar mensualmente 350 mil pesos— estaba ligado a los “fines propios del objeto social” del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

¿Qué objeto social puede haber en el salario millonario del hoy candidato del PAN a la gubernatura?

Una asociación civil sin fines de lucro —es el caso del CEEY— no puede lucrar con los donativos que en este caso le entregaban generosamente las dos fundaciones de la señora Amparo Espinosa Rugarcía.

Hace unos días, la “fichita” había dicho que su salario era tan elevado porque además de cobrar como director ejecutivo también cobraba como investigador.

Hoy esa tesis fue eliminada por ser francamente ridícula.

El problema para Cárdenas es que a cada paso que da se enturbia más su panorama.

Hoy está más cerca de la cárcel que de la Gubernatura de Puebla.

Nota Bene: a los oídos de Miguel Barbosa Huerta, candidato de Juntos Haremos Historia, llegó una historia similar a la que me contaron mis fuentes panistas.

Con una salvedad:

Ésta ya es postdebate.

Esto les contó Barbosa a los reporteros sobre Cárdenas:

“Lloró toda la noche. Llegó sollozando a una reunión que tuvo. Llegó con ojos llorosos, lagrimosos. Le pido que se serene”.

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Mentadas en las Redes

Desde el domingo por la noche, una vez que subí mi columna sobre el debate, varios usuarios de las redes sociales se me fueron encima.

En pocas palabras, me dijeron lindezas como éstas:

“Has perdido la credibilidad. (…) Creí que eras distinto. (…) Hoy clavaste tu tumba periodística. (…) Ya no te voy a leer. (…) Te vendiste por un plato de lentejas. (…) Qué decepción, antes creía en ti”.

Me preocupé por la constancia de los mensajes, aunque en realidad no identificaba a la mayoría de los quejosos.

Lleno de interrogantes, me metí a sus perfiles y a sus tramas más recientes.

Oh, decepción.

Eran simples y vulgares aplaudidores de Cárdenas y de Alberto Jiménez Merino —el aliado de Marín.

En sus historias había encuestitas hechas al vapor en las que arrasaban sus candidatos y descalificaciones a Barbosa.

¿Qué les molestó de mi columna?

Sencillo: que no escribí que sus jefes habían ganado el debate.

Es la democracia mexicana, me dije: esa democracia tullida, reiterativa y con tan mala ortografía que hoy nos acosa permanentemente.