Sería descubrir el hilo negro y el agua tibia a la vez al afirmar que, de no ser por la final que nos espera entre la Brasil de Neymar Jr. y la Argentina de Lionel Messi, la actual edición de la Copa América —celebrada, tras varios malabares políticos y sanitarios, y ante la incomodidad de los propios anfitriones, en tierras brasileñas— ha sido poco menos que decepcionante.

Al hacer un repaso de las exhibiciones realizadas por combinados nacionales como los de Ecuador, Chile, Uruguay o Paraguay, equipos siempre incómodos a los dos ‘mandones’ en eliminatorias y torneos internacionales de Conmebol, y sumado a los acostumbrados pasos tristes de Bolivia o Venezuela, salvo ciertos pasajes, la calificación de la competencia es absolutamente reprobatoria.

Si acaso, la única historia que logró captar un poco más de nuestra atención fue la de Perú. Y esto, más allá del gran trabajo del argentino Ricardo Gareca al frente de los incas, debido a la presencia de Santiago Ormeño, exgoleador y exfigura del Puebla, quien (después de ser ninguneado por Gerardo Martino, seleccionador de México), terminó siendo convocado por los peruanos para el torneo, contando con algunos minutos para protagonizar una que otra jugada de peligro, incluido un penal fallado en cuartos de final ante Paraguay —atajado por su excompañero Antony Silva, guardameta de la Franja— y caer eliminado en semifinales ante Brasil, eliminatoria donde tuvo actividad en la recta final pero no logró gravitar demasiado.

Por supuesto, sería absurdo comparar lo mostrado durante el torneo cúlmen de las selecciones sudamericanas ante lo ofrecido por la Euro 2020, la cual —al cierre de esta edición— tiene confirmada a su primera finalista (la Italia de Roberto Mancini) y en espera del duelo entre la entrañable Dinamarca e Inglaterra, que sueña con jugar el episodio final en su casa, el mítico estadio de Wembley, el próximo domingo 11 de julio.

En lo que ya se ha convertido en un cliché, muchas ocasiones se ha asegurado que si México tuviera que disputar su boleto a la Copa del Mundo en Sudamérica y no en Concacaf, el Tricolor no le vería ni el polvo a sus rivales durante años y tardaría varios procesos eliminatorios en volver a una justa mundialista. Hoy, visto lo visto, es lo más lejano a la realidad.

Bonita y dura batalla se librará el próximo sábado en el emblemático Maracaná: por un lado, la Brasil de Neymar, quien buscará consagrarse nuevamente en casa —como lo hizo en los Olímpicos de Río 2016, donde consiguió la medalla de oro— y así mantener su lugar como uno de los mejores del mapa futbolístico; por el otro, la Argentina de Messi, quien buscará por fin alzarse con un título en la albiceleste y, si no cerrar, aligerar la eterna polémica sobre su influencia en la historia del fútbol argentino.

Y ambos, con la misión de sacar del fango a un torneo tan antiquísimo como precioso que, en este año, no metió ni las manos.

Nos leemos la siguiente semana. Y recuerden: la intención sólo la conoce el jugador.

 

@donkbitos16