El morenovallista Jorge Aguilar Chedraui se había enfurecido con el dueño de un medio de comunicación. La encuesta para la alcaldía de Puebla lo colocaba lejos de los contendientes y apenas lo mencionaba. La posibilidad de cumplir su sueño de ser presidente municipal de la capital no sólo se esfumaba, nunca había existido y buscaba meterse con calzador.

“El compadre se enojó por los números”, se escuchó aquella mañana. Jorge Aguilar había enfurecido por los datos del estudio demoscópico y las cifras pírricas de conocimiento que mostraba. Morena adelantaba a su partido por 3 a 1. Gabriel Biestro, al que tanto despreciaba, le cuadruplicaba en las cifras. Eduardo Rivera, su odiado rival, lo superaba por mucho.

¿Cómo es que el otrora todopoderoso secretario de Salud de Rafael Moreno Valle no figuraba entre quienes podían contender por el jugoso cargo? Fácil, siempre fue un perfil profundamente impopular.

Este episodio, contado en primera persona, revela parte de la relación del morenovallista Jorge Aguilar Chedraui con la crítica y los medios de comunicación.

En otras redacciones se cuenta que también se quejaba de que los reporteros no le daban el revuelo, y generaban risas sus berrinches.

En público, Jorge se manejaba como un hombre elegante, respetuoso y de buenos modales; en privado, Aguilar Chedraui se revelaba como un funcionario sin escrúpulos, dueño de una soberbia cegadora.

Durante las últimas horas, sus hordas virales intentaron amedrentar a quienes exhibieron la fragilidad de su discurso victimista, sin éxito alguno.

Él, o quien le maneja los usuarios robot, lo hace de una forma muy torpe y burda, dejando huellas. Los usuarios comparten el tiempo de creación, discurso y comportamiento similar; están escudados en el anonimato y sólo comentan publicaciones afines al político inscrito al PAN. Cuando hay crítica, insultan, retan, increpan y tiran verborrea. Con una mano adornan y con la otra tiran golpes a matar.

Dicen de los críticos la misma cantaleta de siempre: que somos pagados y tenemos dueño, que somos pasquines, que como animales mordemos, ladramos y hasta que comemos croquetas y, además, catalogan como la peor de las conductas que nos paguen por hacer nuestro trabajo.

Jorge Aguilar Chedraui, como aquellos políticos del grupo al que tanto sirvió y del que tanto se sirvió, ha quedado exhibido por tener una piel muy delgada y una lengua viperina.

Quizás, Jorge piensa que los periodistas somos como su compadre al que le hacía berrinches porque no le favorecían los números de una encuesta o las notas de una línea editorial. Quizás también, JACH alucina, como muchos, con la persecución política porque hay algo en su pasado que no lo deja dormir en paz.

Lo que es cierto es que se equivoca si cree que va a venir a tumbar la puerta a patadas para que se cumpla su anhelo de ser tratado con pincitas y algodones, o como en la Secretaría de Salud, donde exigía con humillaciones al personal que le colaboraba sintiéndose su dueño.

Jorge debe seguir anquilosado en aquellos añorados tiempos cuando tenía un jefe todo poderoso al que le encantaba presionar y perseguir a la gente verdaderamente inocente, y ya no existe tal.

 

@Olmosarcos_

Máscaras escribe Jesús Olmos