La semana de muertos comenzó con el deceso político de quien en estos momentos ya debe tener condición de ex secretario de Educación, Melitón Lozano Pérez. Debieron ser diversas las razones para que el integrante del gabinete dejara el encargo que se le confió al inicio del gobierno en turno.

Si acaso, las más notorias, las trampas que pretendieron colocar a su jefe político el gobernador Barbosa el sábado en la tarde frente al presidente Andrés Manuel López Obrador en la región de la que, el muy probablemente ex servidor público, es originario.

Era la hora en que el sol ardiente de la Mixteca estaba en el cenit cuando un grupos de unos diez maestros a cuyo frente iba una vieja aliada del propio Melitón Lozano en la zona de la mixteca encontraron paso franco para llegar hasta el sitio de a ceremonia oficial.

Se trataba de Lucía Fidela Martínez, la mujer que aparece en una fotografía junto al delegado en Puebla de la secretaría de Bienestar, Rodrigo Abdala Dartigues y otro integrante de la familia del propio Lozano Pérez, Víctor Ríos de los Santos, su sobrino.

Sobre el sobrino, confió Melitón Lozano en las últimas horas a diversas personas con las que se justificó, dijo se trataba del hijo de uno los 15 medios hermanos que tiene por toda la región, en un intento de deslinde del boicot instrumentado durante la visita del presidente a Ayoxuxtla de Zapata.

Lozano Pérez prometió el pago de un bono a un grupo de profesores del sistema público de enseñanza estatal, sin haber hecho la gestión del dinero suficiente por una razón política: buscaba la venia del sindicato magisterial para convertirse en candidato en 2024 al gobierno del estado por Morena.

El problema se agravó cuando sin percibir la gravedad de lo sucedido en la Mixteca poblana con el presidente López Obrador y el gobernador Miguel Barbosa, él se placeaba Huauchinango, durante la asamblea distrital del Movimiento de Regeneración Nacional.

A las 16:25 del sábado publicó en su cuenta de Twitter cuatro fotografías en las que levanta las manos, hace reverencias a los asistentes a esa concentración y lanza proclamas a López Obrador, Barbosa y Claudia Sheimbaum mientras a esa misa hora el grupo de gritones sembrados en la ceremonia de Ayoxuxtla de Zapata, increpaban a Barbosa.

Contradictorio que el funcionario que no ha sido capaz de ver el latrocinio a su alrededor, consecuencia de una ambición política personal, haya desestimado a cientos de kilómetros lo narrado en la crónica que en primera persona fue atestiguada por el autor de la columna y el periodista Alvaro Ramírez.

La inopia política ya lo acompañaba desde semanas atrás por otros desaciertos que no podían pasar desapercibidos. En la desaforada carrera por convertirse en abanderado buscó complacer a todo interlocutor con quien se cruzaba.

El programa Martes Ciudadano que impulsó el Gobierno de Puebla con el propósito de atender a gente en condiciones de pobreza o de vulnerabilidad, lo convirtió en una coartada para promoverse por todo el estado.

La opulencia que hizo del dinero de la Secretaría de Educación fue constante y evidente y nada de eso fue ajeno al escrutinio en un gobierno que ha condenado de manera reiterada el manoseado del dinero público con criterios clientelares o electorales.

La ofrenda de muerto al cadáver político en el que se convirtió Melitón Lozano podrá ser vista en estos días, propios para recordar a los difuntos, pero seguro no estará dispuesta en la SEP ni en Casa Aguayo.

 

@FerMaldonadoMX