Han pasado tres semanas desde que estalló la huelga en la planta Audi y el tema no parece ver aún la luz al final del túnel. Ante una situación que preocupa y que, como lo señaló atinadamente el gobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina en su rueda de prensa del lunes, es urgente se llegue a una solución por el grado de afectaciones que alcanza, me parece oportuno realizar una serie de precisiones.

Generalmente en situaciones como esta, se pretende observar a las empresas como el monstruo que sale en medio de la noche ¿la razón? (absurda, por cierto), es que “son los ricos”, “los abusadores”, y probablemente en algunos casos así sea, sin embargo, en la planta de la armadora alemana ubicada en San José Chiapa, la realidad podría ocurrir de manera diferente.

Juzgue usted.

Los trabajadores en huelga, poco más de 4 mil 150 basificados, reciben sueldos que van, en promedio de los 8 mil a los 28 mil pesos. Quienes menos ganan no es por un tema de abuso laboral, sino porque su función se reduce a apretar tuercas o llenar tanques. Eso quiere decir que, si aceptaran el incremento que ofrece la empresa del 7% global, significaría que los sueldos pasarían de 8 mil 600 a casi 30 mil pesos mensuales, dependiendo de la función que desempeña cada persona.

La planta ubicada en San José Chiapa está dejando de producir 750 unidades diarias a causa de esta situación, que cada día parece más un acto de cerrazón de la base trabajadora. Pérdidas millonarias para Audi, cuyos directivos, en cualquier momento, podrían llegarse a cuestionar si realmente vale la pena estar en México o resultaría similar ensamblar los autos desde Hungría o Bélgica. Y no, no me refiero a que trasladen la armadora de un momento a otro, pero sí, que se pongan en riesgo planes futuros de inversión y desarrollo para Puebla.

¿Y qué papel juega el Sindicato Independiente de Trabajadores de Audi México (SITAUDI)? Hasta ahora parece que uno no muy bueno. Los daños colaterales por esta huelga afectan, por una parte, al resto de colaboradores de la planta ubicada en San José Chiapa que han tenido que irse a paro técnico, vacaciones o home office, con la consecuente baja en su remuneración mensual. Los salarios se fueron al 50%, en promedio, dependiendo de la opción elegida.

Por la otra, está la afectación indirecta y, probablemente, la más severa. Trabajadores de las empresas proveedoras de Audi, que, como bien dice el refrán “no tienen vela en el entierro”, también resienten en su salario las consecuencias de la huelga. Los choferes del transporte de quienes laboran en San José Chiapa, los mismos habitantes del municipio y hasta las personas que venden a las afueras de la planta lo mismo tamales que gorditas, en este momento la pasan muy mal.

¿Urge que termine la huelga? Es imperativo, desde el más elevado sector empresarial hasta el más básico, incluso ambulante, sufren los estragos ante la renuencia de los trabajadores a aceptar un porcentaje menor a dos dígitos.

¿Quién tiene la razón? El tiempo, ojalá no mucho, lo dirá.

Por JÉSICA BALTAZARES

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