La detención de Roberto de los Santos de Jesús, El Bukanas, en un operativo conjunto entre fuerzas estatales y federales, ha encendido las alertas en la región del Triángulo Rojo ante el riesgo de una reconfiguración del crimen organizado.
Considerado uno de los objetivos prioritarios en el estado, su captura representa un golpe significativo a una organización vinculada al robo de combustible. Sin embargo, las autoridades advierten que esto no implica la desaparición del grupo delictivo, ya que operaba bajo un esquema de mandos regionales.
De acuerdo con fuentes de inteligencia, tras la caída del líder podrían desarrollarse dos escenarios: una sucesión interna encabezada por mandos intermedios para mantener la estructura, o la fragmentación del grupo en células más pequeñas, lo que podría incrementar la violencia en municipios estratégicos.
Este tipo de “atomización” criminal ha sido recurrente en la zona, donde la detención de líderes suele derivar en disputas internas o en la incursión de otros grupos delictivos interesados en controlar las rutas de huachicol. Además del robo de combustible, la organización diversificaba sus actividades ilícitas mediante extorsión, narcomenudeo y homicidios para asegurar el control territorial.
El Gobierno del Estado calificó la captura como un avance importante en materia de seguridad, aunque reconoció que no representa una solución definitiva. En este contexto, se ha ordenado reforzar los operativos de vigilancia para prevenir una escalada de violencia en municipios como Acatzingo, Amozoc, Palmar de Bravo, Quecholac, Tecamachalco y Tepeaca, así como en Acajete y San Salvador Huixcolotla.
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