El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, confirmó que los aranceles se mantendrán vigentes. Esta medida persistirá incluso tras la revisión del T-MEC.

Expertos como Kenneth Smith advierten que esta política comercial es fallida. Las propias empresas estadounidenses sufren por no poder importar insumos clave a precios bajos.

El empleo manufacturero en Estados Unidos está cayendo debido a estas tasas. La imposición de impuestos frena la competitividad alcanzada en los últimos treinta años regionales.

Smith Ramos insiste en convencer a Donald Trump de su error. México es el principal socio comercial y el mayor comprador de exportaciones estadounidenses actualmente.

Aceptar aranceles altos en la revisión del tratado sería un daño permanente. Si estas medidas se oficializan, podrían durar mucho más que el mandato presidencial.

Por su parte, Gabriela Siller prevé una pérdida masiva de empleos en México. La inversión fija seguirá a la baja si la capacidad productiva disminuye drásticamente.

Las cadenas de suministro podrían desvincularse de nuestro país a largo plazo. Esto reduciría la complejidad económica y la productividad de toda la región norteamericana.

Washington anunció recientemente una exención condicionada para el acero y aluminio. La tarifa bajará al 25% solo para fabricantes de vehículos pesados específicos.

Anteriormente, estas empresas enfrentaban una tasa impositiva del 50%. Sin embargo, el sector de automóviles ligeros quedó totalmente fuera de este beneficio arancelario.

Las compañías deben cumplir criterios estrictos de integración regional. El gobierno estadounidense utiliza estas medidas como presión política ante sus sectores electorales clave.

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