El rastro de Blanca
La desaparición de Blanca Adriana Vázquez Montiel, ocurrida en circunstancias profundamente inquietantes este lunes, comienza poco a poco a esclarecerse, gracias a las investigaciones de las autoridades y sus seres queridos. El posible paradero de esta joven madre de 37 años, cuya familia mantiene una búsqueda incansable, se rastrea cuadra por cuadra, lote por lote. Entre los avances presentados por la Fiscalía General del Estado sobre el caso de la clienta de la Clínica Detox, a donde acudió para someterse a un tratamiento estético, destaca la localización del automóvil Mini Cooper rojo durante un operativo efectuado en el fraccionamiento El Pilar, en el municipio de San Andrés Cholula. En dicho automóvil, presuntamente, habría sido sacada del establecimiento sin que su esposo, quien la esperaba afuera, se percatara de ello. Los antecedentes recientes de muertes registradas en consultorios de este tipo en la ciudad de Puebla alimentan la sospecha de que el procedimiento pudo haber salido mal y que, en lugar de asumir las consecuencias, la propietaria del lugar habría optado por tomar una decisión cruel e inhumana. En una sociedad agotada por la violencia, alarmada y cada vez más exigente frente al fenómeno de las desapariciones forzadas en México —que, de acuerdo con cifras federales, suma ya más de 132 mil personas sin localizar—, este caso vuelve a poner sobre la mesa una crisis humanitaria que no puede seguir siendo ignorada. Se trata de una de las realidades más dolorosas que enfrenta nuestro país y que, lamentablemente, amenaza con normalizarse. Mientras la Fiscalía General del Estado avanza en el esclarecimiento del caso, las y los poblanos demandan seguridad, certeza y, sobre todo, la reconstrucción de un tejido social que hoy luce profundamente fracturado, no sólo en Puebla, sino en todo México. ¿Será?
Gaza ¿es prioridad?
Y hablando de crisis humanitarias, hay quienes en nuestro país, movidos por un ánimo internacionalista, parecen mirar más hacia afuera que hacia adentro. No es casual que personas de distintas nacionalidades hayan sido detenidas por las fuerzas armadas de Israel, en medio del conflicto que mantiene en la Franja de Gaza contra la organización terrorista Hamas. Entre las personas retenidas se encuentran tres mexicanas, incluida una académica de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, colaboradora también de la BUAP. Presuntamente fueron interceptadas en algún punto del Medio Oriente cuando viajaban en una flotilla que, según sus organizadores, transportaba ayuda humanitaria para la población palestina. No es la primera vez que ocurre algo similar. Hace aproximadamente un año se registró un episodio parecido: embarcaciones pequeñas con activistas de distintos países que aseguran trasladar alimentos, ropa, calzado y otros artículos básicos para una población desplazada por la intervención militar. La postura, desde luego, resulta respetable. Sin embargo, muchos mexicanos se preguntan por qué algunos sectores ponen la mirada en conflictos lejanos mientras ignoran las múltiples crisis que existen dentro del propio país. ¿Por qué señalar la paja en el ojo ajeno y pasar por alto la viga en el propio? Para algunos críticos, más allá de la solidaridad internacional, también existe un componente de protagonismo político e ideológico en este tipo de acciones, especialmente entre quienes equiparan el sionismo contemporáneo con expresiones autoritarias del Siglo XX. La historia nos demuestra que, en aras de salvar a un pueblo, sacrificamos a otros. ¿Será?

