Desde hace 18 años, Lesli Rojas, junto con su mamá y su abuela, se encarga de preparar los alimentos para los jugadores de los Pericos, una labor que ha llevado a la familia incluso a adaptar su vivienda para recibir a la novena verde.

El ingrediente principal de cada platillo es “el cariño”, una receta que les ha permitido ganarse la confianza y el afecto de los peloteros, quienes cada temporada recurren a ellas para alimentarse y obtener energía antes de cada encuentro.

La joven relató que la relación con el equipo comenzó de manera inesperada, cuando un jugador de apellido Delfines llegó a su establecimiento, ubicado en la colonia Maravillas, atraído por un mural de delfines que adornaba el lugar.

“Él decía que venía a comer a nuestra cocina y nos empezó a presentar a más jugadores y parte del cuerpo técnico. Después llegó un doctor y pidió que le preparáramos ensaladas para llevárselas; él las cobraba y así fue creciendo el vínculo”, recordó.

Aunque suelen consentir algunos antojos de los deportistas, la prioridad siempre ha sido una alimentación saludable que contribuya a su rendimiento físico.

“Aquí siempre buscamos que sea algo sano. Les damos carne o pechuga asada, arroz blanco o frijoles, además de aguacate y plátano, que no pueden faltar. No les damos comida chatarra, todo lo hacemos de manera saludable”, explicó.

Pese a la amplia oferta gastronómica de la zona, los integrantes de los Pericos continúan prefiriendo los guisos de la familia Rojas por su sabor casero y el trato cercano que reciben.

En sus primeros años de relación con el equipo de béisbol, los jugadores acudían a comer directamente a la casa, que con el tiempo fue acondicionada como restaurante. Ahora, la mayoría prefiere recibir los alimentos en el estadio.

“Nos recomiendan con otros jugadores y nosotros nos adaptamos a ellos. Muchos no son de aquí y también nos enseñan sobre su cultura y su comida; a veces nos piden platillos especiales y, si podemos, los hacemos. Antes venían mucho más y en ciertos horarios la casa prácticamente era sólo para Pericos”, comentó.

Más allá del servicio, Lesli asegura que lo más valioso ha sido el cariño que se ha construido con los años. Algunos jugadores las invitan a los partidos e incluso han compartido celebraciones como la Navidad en su hogar, especialmente cuando están lejos de sus estados o países de origen.

“Se siente el cariño. A quienes están aquí los hacemos sentir como en casa y después regresan de visita. Mi abuelita se ganó el afecto de muchos y hasta le dicen ‘abuelita’”, relató Lesli Rojas.

También reconoce que, gracias a esta experiencia, su pasión por el béisbol creció, aunque considera que hace falta impulsar una mayor afición por este deporte.

“No es tan reconocido, pero hay que darle impulso. Últimamente ha crecido la afición; es un juego de mucha estrategia y atención. Cuando le dedicas tiempo para entenderlo, poco a poco va creciendo el amor y la pasión por él”, concluyó.

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