El consumo de proteína animal en México, incluyendo carne de cerdo, res, pollo y huevo, atraviesa una marcada desaceleración. Según el GCMA, esto se debe a la pérdida del poder adquisitivo.
Juan Carlos Anaya, director del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, descartó problemas de abasto. El fenómeno responde a la presión inflacionaria que obliga a las familias a priorizar sus gastos básicos.
Actualmente, el costo de un kilo de carne representa hasta el 85% del salario mínimo diario. Ante este escenario, los hogares han reducido su ingesta de proteína entre un 3% y 4%.
El sector pecuario enfrenta una mayor oferta de producto, lo que ha presionado los precios a la baja en granja. Sin embargo, este beneficio no llega completamente al bolsillo de los consumidores finales.
La estructura de comercialización y distribución impide que las reducciones de precio en origen se reflejen en los anaqueles. Existe una brecha significativa entre lo que recibe el productor y el gasto final.
En el caso de la carne de res, el mercado nacional está saturado debido al cierre de exportaciones hacia Estados Unidos. Aunque los precios del ganado para engorda cayeron, el producto mantiene niveles elevados.
Los datos indican que el huevo y el pollo muestran caídas tanto en precios al productor como al consumidor. Por el contrario, la carne de res sigue siendo la proteína con mayor resistencia.
Para el GCMA, la reapertura de las exportaciones es clave para equilibrar el mercado. Mientras tanto, se anticipa una recuperación moderada del consumo gracias a eventos estacionales como el regreso a clases.
El principal reto para la segunda mitad del año será fortalecer las cadenas productivas. Lograr la estabilidad de precios es indispensable para garantizar el acceso a una alimentación balanceada para todas las familias mexicanas.
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