A poco más de cuatro años de su inauguración, el corredor peatonal de la avenida 5 de Mayo, en el Centro Histórico de Puebla, enfrenta un deterioro constante provocado por el robo de piezas de bronce de las esculturas que rinden homenaje a personajes destacados de la historia y la cultura poblana.
De las ocho figuras instaladas en marzo de 2022 como parte del proyecto de rehabilitación urbana del primer cuadro de la ciudad, al menos cinco han sido víctimas de mutilaciones, robo de accesorios y actos vandálicos, lo que ha obligado al Ayuntamiento a destinar más de 700 mil pesos anuales para su reparación.
Entre las esculturas más afectadas se encuentra la del cronista Pedro Ángel Palou, atacada en tres ocasiones. En 2022 le fueron robadas la pipa y la portada del libro que sostenía; en 2025 perdió la mano derecha y, este lunes 20 de julio de 2026, delincuentes mutilaron también su mano izquierda.
La figura de Amy Camacho, fundadora de Africam Safari, también ha sido blanco de la delincuencia. En 2025 desaparecieron su bolso y collar; meses después fue arrancada una de las alas de la mariposa que la acompaña y, recientemente, el 17 de julio, fue sustraída el águila de bronce colocada sobre su hombro.
Otra de las piezas más castigadas es la de la escritora Elena Garro, a la que en octubre de 2024 le desprendieron una mano y el libro que portaba. Aunque fue restaurada y reubicada en enero de este año en la Plaza de la Democracia, continúa registrando pintas y nuevos daños.
El monumento dedicado al periodista Javier López Díaz sufrió el robo de sus lentes de bronce apenas tres meses después de su inauguración. Además, presenta fisuras estructurales y frecuentemente es utilizado por comerciantes informales como soporte para exhibir mercancía.
En tanto, la escultura del historiador Hugo Leicht Meyer permanece desde junio de 2025 sin el libro de bronce que sostenía entre las manos.
La instalación del conjunto escultórico representó una inversión cercana a tres millones de pesos en 2022; sin embargo, el presupuesto anual de 700 mil pesos se destina a fabricar las piezas, fundir componentes de bronce, realizar trabajos de soldadura y limpiar las esculturas afectadas.
Ante la recurrencia de estos delitos, el Ayuntamiento analiza sustituir algunos accesorios y placas informativas por materiales como talavera o resinas, cuyo valor comercial es prácticamente nulo.
Las piezas sustraídas serían comercializadas en chatarreras clandestinas, donde el metal se vende por kilogramo para posteriormente ser fundido y reutilizado en conexiones para gas, tuberías, llaves de agua y refacciones industriales.
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