Prevenir, no reaccionar


Las inundaciones dejaron de ser un fenómeno extraordinario para convertirse en una amenaza recurrente. Ante esta realidad, la decisión del Gobierno del Estado de integrar a universidades, especialistas y representantes del sector de la construcción para diseñar un plan de mitigación es un paso en la dirección correcta, siempre que el esfuerzo trascienda el diagnóstico y se traduzca en acciones concretas. El planteamiento de intervenir los cauces mediante desazolve y rectificación, reforzar las márgenes con infraestructura de contención y establecer un monitoreo permanente responde a problemas que durante años han sido señalados por expertos y ciudadanos. La participación de instituciones como la BUAP, Conagua, CEAS, Soapap y CMIC aporta respaldo técnico y abre la posibilidad de que las decisiones se basen en evidencia, y no únicamente en criterios políticos. El verdadero reto será convertir los estudios en obras ejecutadas con oportunidad y seguimiento. Los diagnósticos abundan, pero la ciudadanía espera resultados visibles que reduzcan el riesgo de pérdidas humanas, daños patrimoniales y afectaciones a la infraestructura. En materia hídrica, la prevención siempre será menos costosa que atender las consecuencias de una inundación. ¿Será?


Drenaje insuficiente
Y es que, aunque las lluvias registradas este domingo fueron de menor intensidad que las de días anteriores, bastaron para evidenciar, una vez más, la vulnerabilidad de distintos puntos de la capital. La fuerza del agua provocó el levantamiento de tapas de registros y encharcamientos de consideración en vialidades como Mártires del 2 de Octubre, el Circuito Juan Pablo Segundo, el bulevar Atlixco y la calzada Zaragoza, donde los automovilistas tuvieron que extremar precauciones. Mientras el Ayuntamiento de Puebla mantiene recorridos y monitoreos preventivos en las zonas de mayor riesgo, la realidad es que cada episodio de lluvia, por moderado que sea, pone a prueba la capacidad de respuesta de la ciudad. Por ello insistimos: anticiparse a los eventos resulta indispensable, pero también lo es atender de fondo las deficiencias de la red de drenaje, porque mientras las soluciones estructurales sigen pendientes, cada tormenta continuará representando una amenaza para la movilidad, el patrimonio y la seguridad de los poblanos. ¿Será?


Rostros del temporal
El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, reflexionó sobre la dualidad que ha dejado el intenso temporal que azota a la entidad. Por un lado, los beneficios que las lluvias representan para el campo poblano; por el otro, lamentó que las precipitaciones también han cobrado vidas humanas. Durante su homilía, monseñor pidió por el eterno descanso del comandante Agustín Malo, así como de Silvia Gracidas, Concepción Márquez y Claudia Bonilla, quienes fallecieron a consecuencia del desbordamiento del río Atoyac. De igual forma, elevó plegarias por los cuatro integrantes de la familia Peña que perdieron la vida en la gruta de Chichicazapan de Cuetzalan. Las palabras del jerarca católico reflejan el contraste que hoy vive Puebla: mientras las lluvias representan esperanza para la producción agrícola, también dejan un saldo de dolor para familias que lo perdieron todo. Una realidad que recuerda que, frente a la fuerza de la naturaleza, la solidaridad nunca deja de ser necesaria. ¿Será?

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