Obras que se hunden

La imagen se repite con frecuencia: calles recién pavimentadas que, a los pocos días, vuelven a abrirse por fugas de agua o colapsos provocados por una red hidráulica deteriorada. De ahí el reclamo de la Secretaría de Infraestructura a la concesionaria Agua de Puebla, ya que cada socavón sobre una vialidad recién intervenida representa recursos públicos desperdiciados, retrasos en la movilidad y una percepción ciudadana de que las obras se ejecutan sin planeación. La discusión tampoco debería limitarse a señalar culpables. Si la empresa incumple con el mantenimiento preventivo y correctivo, corresponde a las autoridades exigir el cumplimiento de las obligaciones establecidas en el contrato e imponer las sanciones que correspondan. De lo contrario, los costos económicos seguirán trasladándose a los ciudadanos, quienes pagan por el servicio de agua y financian las obras públicas que terminan deteriorándose en cuestión de días. Mientras esa lógica prevalezca, los socavones seguirán apareciendo debajo del asfalto nuevo y la inversión pública continuará hundiéndose junto con él. ¿Será?

Miedo sobre ruedas

Viajar en el transporte público de esta ciudad se ha convertido en un acto de supervivencia. Que la capital ocupe el primer lugar nacional en asaltos a pasajeros no es una simple estadística, sino el reflejo de una crisis de seguridad que golpea a miles de usuarios. Las cuatro denuncias diarias que reportan las autoridades apenas muestran una parte del problema, pues la cifra negra de quienes no denuncian es mucho mayor. Los hechos recientes evidencian el nivel de impunidad: doce pasajeros de la Ruta Angelópolis fueron asaltados en el Centro Histórico; usuarios de Los Morados fueron apuñalados cerca de Plaza Loreto y delincuentes utilizan gas pimienta en unidades con destino a Cholula para someter a sus víctimas.  Además, el video de un operador de RUTA alertando sobre la presencia de seis carteristas confirmó lo que miles de poblanos viven a diario. La respuesta de uno de los delincuentes: "Tú nomás maneja, ya cállate”, y el posterior testimonio del chofer, quien admitió actuar bajo amenazas, exhiben el grado de control que estas bandas ejercen sobre las unidades. Mientras los delincuentes operan con total libertad, los usuarios viajan con miedo y las autoridades siguen sin ofrecer una respuesta efectiva. Puebla no puede normalizar este vergonzoso liderazgo nacional. Urgen estrategias de inteligencia, vigilancia permanente y acciones contundentes que devuelvan la seguridad a quienes, todos los días, solo buscan llegar a su destino. ¿Será?

La incógnita del disparo

La muerte de un policía auxiliar tras recibir un disparo en la cabeza con su propia arma de cargo volvió a poner bajo la lupa las condiciones en las que operan los cuerpos de seguridad. El hecho ocurrió en las inmediaciones de un establecimiento de artículos de belleza, sobre el circuito Juan Pablo II. La Fiscalía mantiene abiertas dos líneas de investigación: un posible disparo accidental mientras el elemento manipulaba o limpiaba el arma, o un probable suicidio. Este caso evidencia la necesidad de revisar los protocolos para el manejo de armamento, así como las condiciones laborales y el acompañamiento psicológico de quienes desempeñan una de las funciones de mayor riesgo. Porque cuando un policía pierde la vida con su propia arma, no sólo se investiga una tragedia individual, también se cuestiona la capacidad para prevenir que hechos como este vuelvan a repetirse. ¿Será?

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