Estudiantes de la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza (AMIZ) cursaban sus estudios en un ambiente marcado por golpes, ejercicios físicos extenuantes y agresiones verbales que, de acuerdo con testimonios de exintegrantes y fuentes internas, deterioraron la salud mental de varios alumnos, al grado de provocar trastornos emocionales e incluso pensamientos suicidas.

Fuentes al interior de la institución señalaron que la violencia se intensificó durante los últimos años, principalmente contra estudiantes de secundaria y bachillerato, quienes eran castigados con tablazos y golpes en series de cinco hasta 15 impactos, aplicados en el miniauditorio del plantel.

El trato variaba según el nivel educativo. Mientras que los alumnos de preescolar eran sometidos a una disciplina extrema, los de primaria recibían castigos físicos como correr hasta 50 vueltas al patio o permanecer de pie durante tres horas.

“Sí existieron los tablazos, sí hubo golpes, sí hubo situaciones muy delicadas, pero el trato no era igual para todos. Les gustaban los niños que se veían más nice, porque siempre decía que era una escuela para príncipes; no quería indios de la sierra. Eran muy elitistas. Si el niño güero era borracho, drogadicto y desmadroso, le toleraban más cosas que a un niño más sencillo”, relató una fuente.

Un exalumno recordó el caso de un menor que intentó escapar del internado, pero fue localizado cerca de un banco sobre la avenida Juárez y obligado a regresar mediante golpes.

“Fue un niño que no aguantó ni una semana. Tenía un problema de personalidad y recuerdo que se escapó. Lo regresaron a chingazados a la escuela. Después se puso muy mal y sus papás decidieron denunciar por maltrato”, narró.

Además de las agresiones físicas, los estudiantes enfrentaban constantes humillaciones, insultos y descalificaciones. Según los testimonios, los abusos eran más severos contra quienes presentaban algún trastorno del neurodesarrollo o manifestaban una orientación sexual distinta.

“Verbalmente sí había muchas groserías; de pendejos y estúpidos no los bajaban. Había muchísima manipulación mental. Muchos jóvenes desertaron con secuelas psicológicas; sufrieron depresión, bipolaridad o incluso desarrollaron tendencias suicidas. Más del 60 por ciento presentaba alguna afectación emocional”, aseguró la fuente.

Los entrevistados afirmaron que buena parte de estos métodos disciplinarios eran conocidos e incluso avalados por algunos padres de familia, quienes consideraban que contribuían a forjar el carácter de sus hijos, especialmente de aquellos con conductas rebeldes o agresivas.

No obstante, las prácticas también derivaron en denuncias y conflictos legales para los propietarios y directivos de la institución.

“Lo más humillante fue cuando un alumno de tercero de secundaria grabó contenido íntimo para su novia. Le confiscaron el celular porque estaba prohibido y, como castigo, difundieron el video entre los directores y parte del personal docente”, denunció otro exintegrante de la Academia Ignacio Zaragoza.

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