Disculparse no basta

En su intento por contener el desgaste provocado en su imagen pública tras la viralización de sus comentarios sobre los hombres adultos, las diputadas locales de Morena, Nayeli Salvatori Bojalil y Graciela Palomares Ramírez, han acumulado desaciertos. El principal ha sido insistir en argumentos que recurren a estigmas hacia la población masculina de mayor edad para justificar lo que, según ellas, pretendía ser una defensa de las mujeres víctimas de violencia. La muestra más reciente ocurrió la mañana de este jueves, durante una entrevista con la periodista Paola Rojas. La comunicadora les dio una lección tan sencilla como contundente: reconoció que, después de muchos años de trayectoria, ella también se ha equivocado. Sin embargo, subrayó que lo verdaderamente importante es ofrecer una disculpa genuina, sin intentar desviar la responsabilidad argumentando que los comentarios fueron sacados de contexto o atribuyendo la polémica a una supuesta campaña en su contra. Pese a ello, Salvatori y Palomares insistieron en explicar que sus expresiones sobre los hombres mayores respondían a “una catarsis, al humor, a una conversación en tono de broma”. Hoy reconocen que se arrepienten, pero no tanto por el contenido de sus palabras como por el costo político que les generó una narrativa que terminó rebasándolas. La semana ha dejado claro que las legisladoras no sólo enfrentan una crisis de comunicación, sino también un problema de credibilidad. Necesitan mucho más que una estrategia para contener daños: requieren entender que asumir un error implica aceptar la responsabilidad sin matices ni justificaciones. Porque cuando vuelvan a encabezar causas relacionadas con la defensa de las mujeres o la exigencia de justicia para las víctimas de violencia, inevitablemente habrá quienes cuestionen la congruencia de su discurso. Y en política, recuperar la confianza suele ser mucho más difícil que perderla. ¿Será?

El pasado la alcanzó

Tal parece que el morenismo nacional en su conjunto ha decidido exhibir a las legisladoras poblanas. Solamente esta semana se pronunciaron la Presidencia de la República, el Gobierno del Estado, las dirigencias nacional y estatal del partido, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos e, incluso, los influencers afines al discurso oficial, quienes también se sumaron a la ola de críticas y a la cancelación digital en su contra. La jornada ha sido especialmente adversa para Nayeli Salvatori. En redes sociales resurgieron episodios de su pasado mediático: desde su participación en un programa de comedia de Televisa, ampliamente criticada por la audiencia, hasta una llamada telefónica realizada en un programa de bromas, en la que profirió descalificaciones y expresiones ofensivas contra una joven, con referencias denigrantes sobre su vida sexual. A ello se sumaron videos difundidos por la propia ex conductora de radio en los que exhibía conflictos con su exesposo, padre de su segundo hijo. Durante la campaña electoral del 2018, cuando consiguió una diputación federal, Salvatori Bojalil lo señaló públicamente por presunta violencia familiar, un conflicto que derivó en la disputa por la guarda y custodia del menor. Ese cúmulo de antecedentes hoy pesa sobre la diputada y alimenta la narrativa de sus detractores. Sin embargo, en medio de la crisis también podría encontrar una oportunidad. Si asume con seriedad el costo político de sus declaraciones y logra corregir el rumbo, aún está a tiempo de reescribir su trayectoria pública. Sólo así, esos episodios podrían dejar de definir su imagen y convertirse, con el paso del tiempo, en un capítulo superado de su carrera política y profesional. ¿Será?

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