Miguel Barbosa les dice que busquen formar parte de su gobierno y de la campaña porque, a diferencia de otros, respetará esos espacios para todos los universitarios.
Por: Guadalupe Juárez
Miguel Barbosa está rodeado de jóvenes a quienes reprende en un par de ocasiones cuando el bullicio no le permite continuar con su discurso.
Es jueves por la mañana y se reúne con estudiantes de escuelas incorporadas a la BUAP y a la SEP en un salón ubicado en la colonia El Resurgimiento, al noreste de la capital poblana.
Lejos de la zona de Angelópolis donde se ubican planteles con grandes campus y universidades privadas de lujo, y parte del Consorcio Universitario, que dice el candidato que respeta pero que por hoy les ha dado la preferencia a los estudiantes de escuelas privadas con menos recursos, a los que otros aspirantes no acuden en campaña.
Han desayunado chilaquiles y jugo de naranja. Las risas y los murmullos inundan el lugar combinado con el choque entre los cubiertos y el acomodo de los platos, mientras el candidato los observa desde una mesa rectangular al frente de todos, que están sentados en mesas redondas como si se tratara de un evento social.
Antes de que el candidato tome la palabra, dos estudiantes –un hombre y una mujer– le piden que sus propuestas giren en torno a la seguridad porque varios alumnos de otros estados llegan a Puebla huyendo de la violencia, pero ahora también la encuentran en la entidad.
También le piden que garantice la protección a las mujeres y atienda de inmediato las deficiencias del transporte público.
Y a todo Miguel Barbosa les da respuesta, aunque reconoce que no será tan fácil, por lo cual les disecciona la situación del estado: el olvido de las instituciones de procuración de justicia, los desaparecidos que no se habían reconocido, los feminicidios, la inseguridad, el abandono del transporte público, de los transportistas, de ellos mismos.
Por eso, les dice que busquen formar parte de su gobierno y de la campaña porque, a diferencia de otros, él va a respetar esos espacios para todos los universitarios y no sólo para los que pertenecen a las casas de estudio de élite.
“Tienen que estar con un gran ánimo y una gran esperanza. Reclamen el futuro y el presente. Exijan que el presente sea su realidad, no esperen a que llegue el mañana, es hoy cuando tienen que exigir. Métanse, hagan suyo este momento político y el momento social”, les dice a los rostros expectantes que lo miran, sin responder.

AL OTRO LADO
El siguiente evento del candidato al gobierno estatal es en la Universidad Anáhuac. Ahí, la dinámica es diferente con los estudiantes, en la que acepta desde que alguien lo increpe a su llegada hasta responder las preguntas realizadas en una especie de foro.
Así, Barbosa Huerta dice que podrá atender los dos tipos de universidades en el estado, que no coartará su “libertad de rebeldía”.
“La podrán ejercer con total libertad, yo seré un aliado de ustedes y lo van a ver”, promete.
La promesa que más peso toma, al igual que con los otros universitarios con los que se reunió, es la de la seguridad. Por eso se compromete a devolverla, por eso exhibe que otros “se embolsaron” los recursos que tendrían que haber sido usados en este rubro. Por eso, repite su compromiso más tarde con representantes de mesas directivas de las universidades de Puebla.
