La reubicación de árboles maduros contemplada ante el proyecto de construcción de una estación del Cablebús en el Parque Juárez no garantiza su supervivencia, advirtió la bióloga Monserrat Jiménez Quiñones. Explicó que trasladar ejemplares de gran tamaño implica daños severos en su sistema radicular.
En entrevista, detalló que la parte visible del árbol -tronco, ramas y hojas- representa sólo una fracción de su estructura total. Bajo tierra se extiende una red de raíces amplia y compleja que puede abarcar varios metros y cuya extracción sin afectaciones significativas resulta sumamente difícil.
Al intervenir esta estructura, señaló la especialista, el árbol pierde estabilidad y capacidad para absorber agua y nutrientes, lo que reduce considerablemente sus probabilidades de sobrevivir tras el traslado.
“Cuando se trata de árboles maduros, el riesgo es mayor, porque su sistema radicular ya está completamente desarrollado y adaptado a las condiciones específicas del suelo donde crecieron”, explicó en entrevista con 24 HORAS.
Además del riesgo de mortalidad asociado a la reubicación, la especialista advirtió que la eventual remoción de los ejemplares más grandes implicaría la pérdida inmediata de servicios ecosistémicos ya consolidados, los cuales cumplen funciones como la regulación de la temperatura.
“Los árboles maduros pueden reducir entre cuatro y ocho grados la temperatura bajo su sombra, lo que ayuda a mitigar las islas de calor urbano durante las temporadas más cálidas”, afirmó Jiménez Quiñones.
ABSORBEN LA CONTAMINACIÓN
También subrayó su papel en la mejora de la calidad del aire, ya que capturan partículas suspendidas y metales pesados a través de hojas y troncos, además de absorber dióxido de carbono durante la fotosíntesis.
“Mientras mayor es el tamaño del árbol, mayor es su capacidad de captura y almacenamiento de carbono”, precisó.
En materia hídrica, agregó la bióloga, las raíces favorecen la infiltración del agua y contribuyen a la estabilidad del suelo, lo que disminuye riesgos de erosión y escurrimientos superficiales.
Indicó que las áreas verdes urbanas, como el Parque Juárez, funcionan además como islas de biodiversidad, con aves, insectos y pequeños mamíferos que dependen del arbolado para alimentarse, refugiarse y reproducirse.
“Al transformar el entorno, estas especies pueden verse desplazadas o morir al perder su hábitat”, advirtió Jiménez Quiñones.
Respecto a la propuesta de restitución de ejemplares planteada por la autoridad estatal, afirmó que sustituir árboles maduros por ejemplares jóvenes de dos o tres años no compensa los servicios ambientales perdidos, ya que estos tardan décadas en alcanzar un nivel similar de funcionalidad ecológica.
Finalmente, aclaró que la discusión no se centra en oponerse al proyecto del Cablebús, sino en buscar alternativas que minimicen la afectación a uno de los pocos espacios verdes consolidados de la ciudad, el cual ya cumple funciones ambientales y sociales fundamentales.
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