La tensión entre Pakistán y Afganistán alcanzó un nuevo punto crítico tras la declaración de “guerra abierta” por parte de Islamabad contra el gobierno talibán, en medio de una escalada de ataques fronterizos y bombardeos sobre Kabul. Ante este escenario, Irán ofreció formalmente su mediación para evitar una mayor desestabilización regional.

El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abás Araqchi, aseguró en X que la República Islámica está dispuesta a “facilitar el diálogo” y fortalecer la cooperación entre ambas naciones. La declaración surge horas después de que el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, advirtiera que la paciencia de su país “llegó al límite”.

Las detonaciones registradas en Kabul y Kandahar —esta última considerada bastión del liderazgo talibán encabezado por Hibatullah Akhundzada— evidencian la magnitud del conflicto. Los cierres fronterizos y los enfrentamientos de octubre, que dejaron más de 70 muertos, han deteriorado severamente las relaciones bilaterales.

Aunque Catar y Turquía impulsaron un alto al fuego inicial, las negociaciones posteriores no lograron consolidar un acuerdo sostenible. Analistas advierten que esta crisis podría reconfigurar el tablero geopolítico en Asia, generando presión internacional para frenar un conflicto que amenaza con extenderse.

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