Si bien la primavera continúa marcada en el calendario como una estación más, sus efectos ya no se perciben de la misma manera en la zona metropolitana de Puebla, debido al cambio climático, advirtió Jerónimo Chavarría Hernández, investigador del Instituto de Medio Ambiente de la Universidad Iberoamericana.

El aumento de la temperatura, la recurrencia de días más calurosos, el retraso en las lluvias, así como las afectaciones en el campo y en los ecosistemas, son señales de una transformación en los ciclos naturales, dijo el académico.

En entrevista con 24 HORAS, explicó que el incremento del calor está vinculado, en buena medida, al cambio en los patrones climáticos; no obstante, aclaró que no todos los fenómenos naturales extremos responden exclusivamente a esta causa, ya que también intervienen otros factores meteorológicos.

“Por ahora, no es que la estación desaparezca; más bien, lo que observamos son fenómenos extremos en cuanto a la temperatura, con días muy calurosos y cambios que se presentan de manera más recurrente dentro de lo que considerábamos una estacionalidad normal”, señaló.

Chavarría Hernández indicó que en México, y particularmente en Puebla, las estaciones del año aún están identificadas, pero con el paso del tiempo han mostrado alteraciones en su comportamiento. En ese sentido, refirió que también los inviernos presentan contrastes ya que algunos resultan más severos, mientras que otros son menos fríos de lo habitual.

Añadió que estos cambios no sólo tienen implicaciones ambientales, sino también en la salud y en la disponibilidad de agua, ya que las sequías recrudecen los efectos del calor y vuelven más complejo el control de sus consecuencias.

“Todo está interconectado y, tarde o temprano, nos va a afectar”, alertó.

PRECIPITACIONES RETRASADAS

Asimismo, expuso que el aumento de la temperatura impacta en plantas, árboles y bosques, además de elevar el riesgo de incendios forestales. En el caso del campo, subrayó, los efectos son más visibles, ya que los productores “han comenzado a notar alteraciones importantes en los ciclos de lluvia y siembra”.

“Antes había fechas bastante establecidas para sembrar correctamente (...) ahora se escucha en los campos que las lluvias se atrasaron o que ya no llueve como antes (...) hay desfases de 15, 20 días e incluso de un mes, cuando antes los ciclos eran mucho más uniformes”, detalló el especialista.

El maestro Chavarría Hernández también advirtió que una de las consecuencias más serias es la pérdida paulatina de biodiversidad, aunque precisó que la desaparición de especies no ocurre de un día para otro.

Pese a este panorama, consideró que aún es posible emprender acciones para mitigar los efectos y evitar que los cambios sean más drásticos.

“La pregunta recurrente es cuándo llegará el cambio climático, pero ya está aquí. Entonces hay que prepararnos, porque no estamos listos para ciertas circunstancias, como inundaciones o eventos extremos”, sostuvo.

Finalmente, llamó a construir una mayor educación ambiental y a asumir responsabilidades compartidas frente a los cambios del entorno.

“Hay una parte que le toca al Estado, pero hay otra que nos corresponde a nosotros. Lo primero es hacer conciencia y fortalecer la educación ambiental”, concluyó.

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