El expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, fue dado de alta este viernes tras permanecer dos semanas hospitalizado por una bronconeumonía, un episodio que reaviva el debate sobre su estado de salud y su situación legal. El exmandatario fue trasladado a su residencia en Brasilia, donde continuará bajo prisión domiciliaria tras una resolución de la Corte Suprema por motivos humanitarios.

De acuerdo con su equipo médico, Bolsonaro se encuentra estable, aunque deberá someterse a una estricta rutina de rehabilitación y cuidados médicos. Su ingreso hospitalario, el pasado 13 de marzo, se derivó de un cuadro severo que incluyó fiebre alta, baja saturación de oxígeno y escalofríos, lo que obligó su estancia en terapia intensiva durante varios días.

La decisión judicial, encabezada por el juez Alexandre de Moraes, marca un giro tras múltiples rechazos previos a solicitudes similares de su defensa. La gravedad de su condición fue determinante para concederle el beneficio temporal de arresto domiciliario, inicialmente por 90 días.

Durante este periodo, Bolsonaro deberá portar tobillera electrónica y enfrentará restricciones estrictas: no podrá usar redes sociales, realizar grabaciones ni mantener comunicación telefónica. Solo tendrá contacto con familiares, abogados y personal médico.

Este episodio se suma a su complejo historial clínico, iniciado tras el atentado que sufrió en 2018, el cual ha derivado en múltiples cirugías y complicaciones digestivas.

En el plano político, su situación ocurre a pocos meses de las elecciones presidenciales, donde su hijo, Flávio Bolsonaro, figura como candidato de la derecha frente a Luiz Inácio Lula da Silva, en un escenario de alta polarización y encuestas que anticipan un posible empate técnico.

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