A unos días del arranque del Mundial 2026, aumenta la controversia por la posible participación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en las sedes de Estados Unidos.

La discusión cobra relevancia debido a que el torneo se disputará en once ciudades estadounidenses con millones de habitantes nacidos en el extranjero.

Destacan Nueva York, sede de la final, con más de seis millones de migrantes en su área metropolitana, y Los Ángeles, donde se celebrará la inauguración estadounidense.

Una encuesta realizada por The Washington Post y la Universidad de Maryland reveló que el 65% de los estadounidenses rechaza la presencia del ICE en los estadios.

El sondeo también señala que el rechazo alcanza al 74% de los votantes independientes y al 68% de los aficionados al futbol.

En contraste, el 72% de los republicanos se mostró a favor de que la agencia tenga participación durante el evento deportivo.

Aunque autoridades federales afirman que el enfoque estará en combatir el tráfico de personas y mercancías falsificadas, no descartan acciones migratorias en los recintos.

La situación ha generado preocupación entre expertos y defensores de derechos humanos, quienes advierten que el temor podría afectar la asistencia de aficionados migrantes.

En Los Ángeles, el sindicato Unite Here Local 11 presentó una denuncia contra la FIFA, argumentando posibles riesgos para la privacidad de trabajadores acreditados.

Mientras tanto, algunas ciudades han tomado medidas propias. El sheriff de Los Ángeles anunció que no habrá operativos migratorios durante los partidos.

Además, organizaciones como Human Rights Watch y la ACLU solicitaron a la FIFA garantizar el respeto a los derechos humanos de visitantes extranjeros.

El debate sobre migración y seguridad se perfila como uno de los principales desafíos políticos y sociales del Mundial 2026.

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