Envueltos en la bandera de la defensa de la soberanía nacional, no tanto como un baluarte de defensa de nuestro territorio y de nuestros valores nacionales; en los hechos, lo único que ha quedado demostrado es que todas esas narrativas discursivas de las últimas semanas únicamente pretenden cuidar, proteger y defender a esos políticos y funcionarios del partido Morena en el Gobierno, acusados por las autoridades estadounidenses por sus presuntos vínculos con el crimen organizado. ¿Narcogobierno? ¿Narco partido?

Sin embargo, hay que destacar que esto logró que tres expresidentes de México reaparecieran: Vicente Fox, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

Los dos primeros dando acompañamiento a su compañera del PAN, la gobernadora del estado de Chihuahua, Maru Campos, por hechos que la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, dejó sin materia al señalar en su discurso que quienes desmantelaron el laboratorio de drogas en Chihuahua fueron los miembros de la Fiscalía General de la República. 

Así que esa discusión de que personas extranjeras -fallecidas en un accidente- habían participado en ese desmantelamiento, violando el Gobierno de esa entidad lo establecido en la Constitución, queda sin materia así como todas las acusaciones y las narrativas que se construyeron alrededor.

El tercero, López Obrador, lo hizo a través de una carta “en apoyo sin condiciones a la presidenta”, escribió, en la que realiza algunos apuntes de lo que sucede con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Más allá de las muchas interpretaciones y análisis que ha generado, rescato algunas partes que nos describe con claridad la personalidad del expresidente, por los mensajes entreverados que también hay que visibilizar.

La semana pasada escribió: “En MI EXPERIENCIA fueron varios los asuntos que resolvimos en bien de nuestros pueblos (…). En pocas ocasiones tuvimos discrepancias (…) amagó con imponer aranceles (…) pero afortunadamente LLEGAMOS A UN ACUERDO”.

“MIENTRAS FUI PRESIDENTE, se abstuvo de hablar mal de los mexicanos (…) nos ayudó (…) en dos ocasiones ME OFRECIÓ apoyo”.

Cuando se refiere al asunto del general Salvador Cienfuegos, escribió: “Eran tan buenas las relaciones y había tanta confianza en nuestro Gobierno (…) que SOLICITÉ revisar las pruebas (…) a lo cual accedió”.

“Más aún, en una ocasión ME CONSULTÓ si era conveniente calificar a los narcotraficantes como terroristas, LE DIJE que no debía (…) y al día siguiente dio a conocer que había tomado en cuenta MI OPINIÓN.

Incluso afirma: “En un acto público QUE CELEBRAMOS en la Casa Blanca reconoció que los migrantes mexicanos eran trabajadores”.

Esta enumeración de sus logros entre otros que describe nos lleva a preguntar: ¿Esto es respaldar “en apoyo sin condiciones a la presidenta”?

¿Vanidad? ¿Soberbia? ¿Charlatanería? ¿Descalificación? ¿Falta de respeto a la figura presidencial actual? ¿Nostalgia del poder? O simple y llana ¿misoginia? ¿O Todo junto? 

Que difícil comprender las contradicciones humanas.

Entonces, según todo esto, la presidenta Sheinbaum ¿no ha podido avanzar en los logros que él sí tuvo con el presidente Trump?

Por mi formación, una pregunta obligada: ¿Esta narrativa la hubiera usado el expresidente López Obrador si la presidencia la ocupara un hombre?

Porque en el imaginario colectivo han quedado registrados estos mensajes subliminales que apuntan hacia el ejercicio del Gobierno actual, tanto de la presidenta como de su administración, y lo peor que podríamos hacer es ignorarlo porque entonces seguiremos navegando sobre estructuras diseñadas desde experiencias masculinas.

Y que conste que esto ya no sólo concierne a las mujeres.

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