La epidemia de ébola en la República Democrática del Congo avanza a un ritmo sin precedentes, convirtiéndose en la más mortífera de su historia.

En solo tres meses, esta crisis sanitaria superó las 2,300 muertes registradas durante el letal brote de 2018-2020 en el este del país africano.

El jefe humanitario de la ONU alertó que el virus es imparable, matando trágicamente a una persona cada 30 minutos en las zonas afectadas.

Actualmente, no existe vacuna ni tratamiento médico disponible para combatir la variante Bundibugyo, complicando enormemente la contención de la emergencia sanitaria.

Originada en la provincia de Ituri, la 17ª epidemia nacional se expande velozmente debido a infraestructuras sanitarias precarias y débil presencia estatal.

Los datos oficiales confirman 2,325 fallecidos y 4,945 casos confirmados, superando ampliamente los registros de la devastadora crisis vivida en África Occidental en 2014.

En Bunia, capital de Ituri, se concentra el 90 por ciento de los contagios, donde las medidas de respuesta urgente apenas resultan visibles.

Por su parte, Uganda reportó 20 casos y dos muertes, aunque confirmó recientemente la ausencia de contagios activos en su territorio nacional.

La Organización Mundial de la Salud confía en revertir la tendencia de la epidemia congoleña en un plazo estimado de tres meses.

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