El suizo no derrotaba al español en partidos de Grand Slam desde hace diez años, desde la final de Wimbledon 2007
Por: Redacción
La leyenda del tenis internacional, el suizo Roger Federer, consiguió su título 18 de Grand Slam tras vencer al español Rafael Nadal en el Abierto de Australia.
Federer, número 17 del ranking mundial de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), se impuso al español por 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3, en partido memorable que volvió a enfrentar a los dos grandes tenistas en una final.
Luego de casi cinco años, el suizo vuelve a levantar un título de Grand Slam, ya que el último que obtuvo fue en Wimbledon en 2012, y lo hace tras varios meses de inactividad.
Con este triunfo “Su majestad”, con 35 años de edad, vuelve a mostrar su excelente calidad de juego, luego de tres horas y 38 minutos del partido en el que deja a Rafael Nadal con las manos vacías.
El partido
Fue un juego intenso, tenso e incierto hasta el final, porque Nadal estuvo muy cerca de la victoria, pues tras quebrar a su rival en el primer juego del quinto set, dispuso de una ventaja de 3-1 e incluso una oportunidad para marcar el 4-2 con su saque, pero en vez de machacar a Federer al revés con su derecha 'liftada', cambió de opinión y la envió al otro lado, fallando.
Nadal salvó luego cinco bolas de rotura en el octavo juego, donde hubo un fabuloso intercambio de 26 golpes, pero Federer le robó su servicio y al final acabó ganando los cinco últimos cinco juegos, con un final novelesco, con intriga, pues se tuvo que recurrir al Ojo de Halcón para descifrar si el 20 'ace' de Fededer era bueno, y para triunfar por fin en Melbourne, después de siete años.
Nadal empezó bien el primer set, ganando dos servicios en blanco, pero se enfrió después y en el séptimo cedió su saque, y entre ese y los dos siguientes juegos, solo pudo ganar un punto.
Federer lanzado, con un tenis muy directo y veloz se apuntó el parcial en 34 minutos, con dos saques directos en el décimo juego. El suizo ganó 14 de los 15 puntos de su primer servicio, un 93 por ciento, más un 67 por ciento con el segundo saque, y sumó 13 golpes ganadores.
La derecha enroscada, alta y viva de Nadal al revés de Federer apareció entonces como en los viejos tiempos, cuando resquebrajaba su moral hasta desquiciarle, y Nadal, fenomenal al resto, quebró dos veces, 2-0 y 4-0, y aunque luego entregó su saque en el quinto (4-1) se mantuvo firme para hacerse con este segundo parcial en 42 minutos con solo cuatro errores no forzados.
En el tercero, Federer tuvo que recurrir a tres saques directos para salvar tres puntos de rotura en el juego inicial. Tomó aire y quebró a continuación gracias a dos formidables derechazos, y a partir de ahí se creció.
A base de "aces" Federer tomó ventaja 3-0 en el siguiente, y puso en liza todo su armamento. Fueron los momentos más brillantes del suizo, que recobró su velocidad de pegada, mientras que Nadal parecía notar las cinco horas de su partido contra Grigor Dimitrov y el día menos de descanso.
El de Basilea volvió a quebrar a Nadal (5-1) y cerró la manga con una delicada volea de revés en 41 minutos. Tomaba ventaja, pero no se sentía seguro, porque conoce de sobra a Nadal.
Un minuto menos duró el cuarto set, con un Federer más lento y con más fallos y un Nadal que no desesperó y que aseguró su saque sin pasar más apuros. Roger perdió el suyo en el 3-1, y eso bastó al español para nivelar el encuentro después de dos horas y 37 minutos.
Federer abandonó la pista para recibir tratamiento médico inmediatamente después. Su muslo derecho le dolía. Y cedió de entrada su saque, el peor error que podría cometer. No obstante, no bajó los brazos y remontó un 3-1.
Nadal dispuso de una ventaja para ponerse por delante 4-2 con su saque, pero en vez de seguir con su derecha al revés del suizo, abrió, y su golpe salió fuera. Ahí perdió su gran oportunidad después de un esfuerzo descomunal, porque al final, al sexto punto de rotura de este parcial, entregó su servicio (3-3).
Federer acabó ganando los últimos cinco juegos, salvando el pellejo con destreza, y con una resistencia que solo Nadal puede exhibir. Al final, sus lágrimas aparecieron, como suele suceder en él mejor jugador de la historia, cuando la emoción le embarga.
