El cabildeo para lograr la aprobación de la Reforma Eléctrica, con la que se busca que el Estado Mexicano mantenga la producción de 54 por ciento de esta energía, demanda la intervención de políticos serios, con experiencia, trayectoria y estatura; por ello, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha encargado la tarea directamente al secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández. A él y sólo a él.

Este lunes, comenzó en San Lázaro el parlamento abierto en torno al paquete de reformas a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales, que requiere de la mayoría calificada, las dos terceras partes de los 500 diputados, en la Cámara de Diputados -cámara de origen, en la que se presentó en octubre pasado la iniciativa del Ejecutivo-, y luego esa misma proporción de los sufragios de los 128 senadores y senadoras.

Después deberá obtener la mitad más uno de los avales de los 32 Congresos locales.

Adán Augusto ha pasado por todos los escalafones de la escuela parlamentaria: diputado local, en su natal Tabasco, diputado federal y luego senador.

Su estilo modesto, discreto y hasta elegante se hace indispensable en esta tarea delicada e importante que tiene como primera aduana el Palacio Legislativo de San Lázaro, en donde el poblano Moisés Ignacio Mier Velazco, coordinador de Morena, ha sido reducido a mero anfitrión.

No es el negociador ni la cabeza del cabildeo de alto nivel, que el gobierno lopezobradorista mantiene, a través del titular de Gobernación, con la oposición.

Mier Velazco fue este lunes el recibidor de cortesía de gobernadores y lo será luego de empresarios, en los días del parlamento abierto, en el Palacio Legislativo, que antes fue el patio de maniobras de la estación de trenes de San Lázaro.

Adán Augusto, quien ha rechazado “sudar calenturas ajenas”, cuando se le pregunta sobre su perfil presidencial, despacha en el Palacio de Bucareli y ahí ha recibido a los líderes del ala dura de la oposición, los panistas Marko Antonio Cortés Mendoza, presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), y Santiago Creel Miranda, presidente de la Comisión Política.

Con ellos traza la ruta. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la mayoría de los votos de su bancada en la Cámara Baja hace rato que son del Presidente de la República.

El modesto y sencillo Adán Augusto, gobernador con licencia de Tabasco, a quien Andrés Manuel le ha agradecido su labor para “aligerar la carga” de gobernar el país, se mueve con mucha astucia.

Un día puede lanzar un mensaje siciliano, como si fueran los tiempos de mano de hierro de los priístas Fernando Gutiérrez Barrios y Manlio Fabio Beltrones Rivera, en la Segob; pero al otro, puede ser un educado y complaciente interlocutor.

El tabasqueño de Bucareli ha trazado ya con Creel, Cortés, el PAN y las otras fuerzas, una ruta, con mesas de trabajo, en las que participarán otros secretarios de Estado, a partir de la próxima semana.

En la oficina de Adán –quien elude reflectores y no usa su Twitter desde el 7 septiembre el de 2021– se construyen la gobernabilidad y los acuerdos.

Mientras tanto, en San Lázaro, los párvulos cuentan chistes.

 

@Alvaro_Rmz_V

Piso 17 escribe Álvaro Ramírez Velasco