Con un triunfo contundente para su partido es como el gobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina llega a la mitad de su último año de administración. Lo hace también con la tranquilidad de haber dejado que el curso del proceso electoral lo marcaran los propios candidatos. Todos hicieron lo suyo, mientras él observó desde su lugar, pero sin perder detalle.

El mensaje que este lunes compartió a través de sus redes sociales lo muestra, una vez más, de cuerpo entero. Conciliador, sereno sí, pero con una muy buena memoria.

Llaman la atención algunas frases.

“La etapa del contraste quedó atrás, hoy es momento de construir como la gran familia poblana que somos…”

“No valía la pena dinamitar los puentes porque al final los íbamos a necesitar para poder reencontrarnos, para dejar atrás lo que nos separa y retomar lo que nos une. El pueblo ha hablado y debe ser escuchado, cada fuerza política debe asumir la responsabilidad sobre las personas que postuló y también sobre sus dichos, actos y señalamientos, sobre todo si fueron infundados…”

“La política debe ser siempre factor de unión, de servició, de visión de futuro, por eso seguimos aquí, juntos, unidos por un fin común que es Puebla…”

Y, en efecto, él no dinamitó ninguno, por el contrario, en los momentos álgidos del proceso salió a declarar que lo electoral debía quedarse en ese terreno, por el bien de Puebla. Sergio Salomón Céspedes aprendió muy bien el ajedrez del poder y ahora lo juega con singular alegría y pericia.

Restan seis meses de su gobierno, sin duda cerrará contento, con trabajo, pero especialmente con resultados, muchos de ellos reflejados en obras de infraestructura, educativa, inversiones y desarrollo. Y sí, quedará en la historia política de Puebla como el hombre que logró la conciliación en menos de dos años. El gobernador que devolvió la paz.

Comunicar, el arte de la guerra electoral

Bien dicen que el triunfo tiene muchos padres y la derrota no tiene madre. Hoy que muchos intentan “colgarse” la medalla del éxito de Alejandro Armenta, me parece no sólo oportuno, sino un acto de justicia, reconocer el trabajo de José Tomé, Pepe. Y aún más, su lealtad, esa que en esta época ya casi nadie sabe qué es, cómo se practica o se come.

Pepe Tomé ha caminado al lado de Alejandro Armenta por más de 18 años que, hay que decirlo, no fueron fáciles en muchos tramos, sin embargo, se mantuvo de una pieza.

Hoy sería hasta inmoral que uno que otro arribista pretendiera asumir un triunfo que no sólo no construyó, sino que jamás soñó en un anhelo compartido con Alejandro Armenta.

Llegar unos meses antes de la elección no cambia el destino del timón, no altera una estrategia de años, ni define un triunfo, mucho menos suple lealtades. En fin. A eso están acostumbrados, al blof. De eso viven.

Por Jésica Baltazares

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