La crisis hídrica en México, y en particular en el estado de Puebla, es una problemática que ha alcanzado niveles alarmantes, con repercusiones significativas en diversos sectores, especialmente en la producción agrícola. Este fenómeno se debe a una combinación de factores climáticos, demográficos y de gestión de recursos que demandan una intervención urgente y bien estructurada para garantizar la sostenibilidad del recurso. 

Ejemplo de ello son los invernaderos que, hace casi dos décadas, se convirtieron en el ejemplo de desarrollo agrícola y económico para un número considerable de municipios poblanos, sin embargo, hoy son uno de los principales factores de impacto negativo para el abasto de agua y la contaminación del subsuelo.

En promedio, un invernadero de mil metros cuadrados requiere de seis mil litros diarios de agua, algo así como 160 mil litros mensuales, sólo por mil metros cuadrados. ¿Quién puede resistirlos?, ¿qué laguna?, ¿qué presa?, ¿qué pozo? La realidad es que el problema va más allá de lo que se lee a diario en medios de comunicación y la urgencia de encontrar soluciones conjuntas no es para nada una broma.

El cambio climático es uno de los principales factores que contribuyen a la escasez de agua en México. La disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas están alterando los patrones hidrológicos, reduciendo la disponibilidad de agua en las cuencas hídricas. Además, el crecimiento poblacional y la urbanización acelerada ejercen una presión adicional sobre los recursos hídricos, incrementando la demanda y reduciendo la recarga natural de los acuíferos.

Nadie imaginó el crecimiento de las ciudades. Nadie imaginó la sobrepoblación y con ello la urgente demanda de… todo, agua, alimentos, servicios, energía. En fin.

En el caso de Puebla, la sobreexplotación de los acuíferos es un problema crítico. La agricultura, que es una actividad económica fundamental en el estado, consume aproximadamente el 76 por ciento del agua disponible. Sin embargo, prácticas agrícolas ineficientes y la falta de tecnología avanzada en el riego han llevado a un uso desmedido e insostenible del agua.

La escasez de agua afecta directamente la producción agrícola en Puebla. Los cultivos que requieren un riego constante y abundante, como el maíz, el frijol y algunas hortalizas, se ven comprometidos. La disminución de la disponibilidad de agua reduce los rendimientos, afecta la calidad de los productos y, en algunos casos, obliga a los agricultores a abandonar sus tierras.

Además, la crisis hídrica incrementa los costos de producción. Los agricultores se ven obligados a invertir en tecnologías de riego más eficientes, lo cual, aunque necesario, representa una carga económica significativa. Esto se traduce en un aumento de los precios de los alimentos, afectando no solo a los productores, sino también a los consumidores finales.

Y claro que el gobierno actúa al respecto.

Da pasos significativos. Sin embargo, el reto no va a detenerse, el ritmo de crecimiento, de demanda, implica también soluciones constantes.

Pero de eso le platico en mi próxima entrega.

Por: Jésica Baltazares


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