El maltrato verbal, laboral y económico también alcanzaba al personal administrativo y docente de la institución, sin importar el cargo que desempeñara, de acuerdo con testimonios recabados al interior de la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza.
Las mujeres eran blanco constante de descalificaciones e insultos relacionados con su apariencia física o forma de vestir. Algunas eran calificadas como "putas" o "prostitutas" por su arreglo personal, mientras que otras eran humilladas si no resultaban atractivas para los mandos superiores.
"En todas las juntas había agresiones verbales. Nos repetían groserías cuando algo no les parecía: 'pendejos', 'estúpidos', 'idiotas'. Cuando algún sargento cometía un error, golpeaban la mesa y azotaban los cubiertos. A una compañera la llamaron prostituta; a otra, fodonga, sirvienta y mujer corriente por cosas tan mínimas como usar labial rojo, vestir un pantalón blanco o no llevar completamente recogido el cabello", relataron fuentes internas.
En contraste, cuando algún mando mostraba interés por una trabajadora, ésta era invitada a las reuniones de los viernes, donde, según los testimonios, el consumo de alcohol y los festejos eran habituales dentro de la escuela.
"Nunca denunciamos porque una persona enferma a las demás. Terminas con miedo a que tomen represalias", reconocieron.
Las fuentes consultadas señalaron que la institución registraba una alta rotación de personal, no sólo por los bajos salarios y la falta de prestaciones, sino también porque el director, Daniel Guzmán López, despedía a trabajadores con base en criterios personales.
Además, aseguraron que modificaba horarios, alteraba las cargas de trabajo y exigía la presencia de docentes fuera de su jornada laboral, dependiendo de su estado de ánimo.
"La rotación del personal dependía mucho de cómo amanecía él de carácter. La gente tampoco soportaba las condiciones laborales: pagaban una miseria, no daban prestaciones y no respetaban los horarios. Podía llamarte a la hora que quisiera para presentarte a trabajar. Había mucho abuso de poder", afirmó una de las fuentes.
Los testimonios también señalan a la subdirectora administrativa, Yuliana Reyes Ordóñez, como responsable de conductas de hostigamiento. De acuerdo con el personal consultado, acostumbraba humillar a trabajadores por su aspecto físico y exigirles tareas ajenas a las funciones para las que habían sido contratados.
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