La crisis energética en Cuba empeora drásticamente. Los apagones prolongados y la falta de combustible golpean con fuerza a los 9.6 millones de habitantes de la isla.

El gobierno extendió las medidas de emergencia hasta marzo. Existe una total incertidumbre sobre el estado real de las reservas de petróleo y el suministro eléctrico nacional.

La escasez paralizó la movilidad urbana. Actualmente, los conductores solo pueden adquirir 20 litros de gasolina mediante una aplicación oficial, tras meses de espera en listas.

El transporte público se contrajo severamente. Debido a esto, los taxis privados duplicaron sus tarifas, obligando a trabajadores como Yixander Díaz a abandonar sus antiguos oficios.

La economía cubana enfrenta una parálisis preocupante. Se implementó una jornada laboral de cuatro días para intentar reducir el consumo energético en los sectores estatales y privados.

Según consultoras, el 96.4% de las pymes sufre impactos catastróficos. Emprendedores y trabajadores informales temen perder sus ingresos ante la falta de clientes y la desaceleración.

La producción local de crudo apenas sostiene las termoeléctricas. Aunque la energía solar creció un 42.3%, la disponibilidad eléctrica general cayó un 20% respecto al año pasado.

El desabasto genera un aumento crítico en los precios de alimentos. Cuba importa el 80% de lo que consume, elevando el costo de vida para las familias.

En el mercado negro, el litro de combustible alcanza los cinco dólares. Esta inflación asfixia el bolsillo de los ciudadanos que enfrentan una emergencia energética sin precedentes.

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