En un mensaje a la nación, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que la ofensiva militar contra Irán —impulsada junto a Israel— está “casi concluida”, aunque lanzó una advertencia que eleva la tensión internacional: en las próximas semanas podrían ejecutar ataques más severos.

Desde la Casa Blanca, el mandatario afirmó que los objetivos estratégicos están prácticamente cumplidos, pero dejó claro que su administración no dará marcha atrás. Incluso utilizó un tono agresivo al advertir que podrían “llevar a Irán a la Edad de Piedra”, frase que ha encendido alarmas en la comunidad internacional.

El conflicto, que inició el 28 de febrero tras una serie de bombardeos sorpresa, ha escalado rápidamente. Trump reiteró su respaldo absoluto a aliados clave como Arabia Saudita, Catar y Emiratos Árabes Unidos, subrayando que Estados Unidos no permitirá afectaciones en la región del Golfo.

En contraste, el gobierno iraní rechazó cualquier posibilidad de tregua. El portavoz diplomático, Esmaeil Baqaei, calificó las condiciones de Washington como “irracionales y maximalistas”, descartando negociaciones directas. Esta postura endurece el escenario y reduce las probabilidades de una solución diplomática inmediata.

El impacto ya se refleja en la economía global. La incertidumbre disparó los precios del petróleo, especialmente ante el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, ruta clave para el suministro energético mundial.

Mientras tanto, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, acusó a Washington de crímenes de guerra, elevando la presión política y diplomática.

La situación coloca al mundo en un punto crítico, donde cualquier error podría detonar una escalada mayor con consecuencias globales.

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