Javier Hernández fue testigo de las dos Copas del Mundo celebradas en nuestro país en 1970 y 1986, gracias a su trabajo como vendedor de cerveza en el Estadio Azteca, en la Ciudad de México.
Décadas después, el hombre de 75 años continúa ligado al ambiente futbolero, aunque ahora como comerciante ambulante en las inmediaciones del Estadio Cuauhtémoc de Puebla.
Para él, lo más cercano a la fiebre mundialista en esta nueva etapa fue el partido amistoso entre las selecciones de México y Ghana, disputado el pasado viernes en el Coloso de Maravillas.
“Desde hace 40 años soy vendedor, tengo toda la historia de los partidos y principalmente del mundial anterior. El futbol era popular y ahora hay que tener mucho dinero para ir al estadio”, expresó mientras ofrecía su mercancía.
El adulto mayor lamentó que el acceso a los partidos se haya vuelto cada vez más exclusivo, solamente para personas con alto poder adquisitivo.
“La Copa Mundial del 86 era para el pueblo, ahora es muy elitista, cobran mucho y ya no da para que los verdaderos aficionados ingresen”, señaló con evidente añoranza por aquella época en la que, asegura, las familias podían acudir a los estadios.
Actualmente vive de la pensión gubernamental que recibe desde hace varios años, aunque admite que sigue buscando maneras de mantenerse activo y obtener ingresos extraordinarios.
“Era vendedor de cerveza, ya dejé de trabajar por la edad, ya no pude seguir trabajando ahí. Tengo mi pensión y lo hago también para no estar peleando con la mujer en la casa”, comentó entre risas.
Durante el partido del fin de semana en el Cuauhtémoc, decidió vender listones para la cabeza con la leyenda “Viva México”, artículos que él mismo elaboró utilizando material que tenía guardado desde tiempo atrás.
Comentó que sus principales compradores son niñas y niños que acuden a los partidos acompañados de sus familias y que suelen pedir algún recuerdo relacionado con la Selección Mexicana.
“La gente sí compra, pero sobre todo compran para los niños. Ahorita tenemos un precio de 20 pesos y ya cuando se acerca el Mundial le subimos un poquito porque todo mundo compra”, mencionó.
Aunque ahora se encuentra alejado de las gradas y los pasillos del Estadio Azteca, Javier Hernández continúa encontrando en cada partido una oportunidad para recordar los años cuando el Mundial, aseguró, todavía pertenecía al pueblo.
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