Los gobiernos municipales en la entidad están en el ojo del huracán sólo por los escándalos y excesos, que por los buenos resultados.

Buena parte de la atención se centra en esta ocasión por la trivialidad, el morbo y los excesos por el dispendio de recursos económicos del erario del Ayuntamiento de Acatlán de Osorio.

Que una presidenta municipal como la morenista Guadalupe Bárcenas sea señalada por presuntos actos de corrupción, no tendría nada de extraordinario porque es el comportamiento generalizado de los alcaldes de todos los colores partidistas, pero que haya llegado al cargo postulada por Morena e incurra en esas prácticas, sí es relevante.

Presumen todavía los gobernantes los supuestos principios obradoristas de la 4T de no robar, no mentir ni traicionar al pueblo; y qué, por el bien de todos, primero los pobres.

Estos supuestos principios están tan manoseados y violentados que han perdido credibilidad ante la población, debido al penoso comportamiento de algunos ediles, como es el caso de Bárcenas.

El caso de la señora alcaldesa se hizo notorio porque fue exhibida en redes sociales gastando dinero de los habitantes de Acatlán en un viaje de placer en París, Francia, sin ningún motivo de trabajo e interés para el municipio mixteco.

Ha sido acusada del presunto desvío de recursos del presupuesto del municipio para fijarse un salario superior al regulado por el tabular oficial, incrementar sus bienes patrimoniales, por enriquecimiento, para su vida privada, incluidas cirugías estéticas.

Para el morbo, relacionan a la presidenta municipal morenista en una relación sentimental con el director de Seguridad Pública, Juan Alberto Domínguez López, teniente de la Secretaría de Marina Armada de México (Semar).

Sin que lo contemple la Ley Orgánica del Municipio, el militar interviene en sesiones del Cabildo, a propósito del debate por la decisión de ocho contra uno de los regidores, de considerar las faltas graves de la alcaldesa para que el Congreso local proceda a la revocación del mandato para proceder a la destitución.

No existe, hasta la fecha, una intervención de la Contraloría municipal bajo control de la alcaldesa; el Congreso del Estado no tiene ningún interés en darle trámite a la decisión autónoma del Cabildo y han enviado a la congeladora el acuerdo de destitución de Bárcenas.

Que ocurran esas prácticas de presunta corrupción en un Ayuntamiento, por principio deben investigarse, más cuando el Cabildo tomó la decisión de destituirla, pero política y moralmente han faltado a los principios obradoristas, y eso que decían los gobernantes no eran iguales a los del pasado del PRIAN.

Es alarmante que secretario del gabinete estatal como lo es el titular de Gobernación, Samuel Aguilar Pala, declaré a los reporteros que habrá una mediación en Acatlán de Osorio, porque según él no se justifica la destitución porque “no hay ingobernabilidad”.

Con esta postura de político bananero, Aguilar Pala, ilustre militante de Morena, pueden existir gobiernos corruptos, pero mientras no generan ingobernabilidad, pueden seguir robando, mucho o nomás poquito. Es aberrante y contrario a los postulados de la 4T.

Lo que ocurre en Acatlán de Osorio con la presidenta municipal de extracción morenista, y la permisibilidad de los poderes Ejecutivo y Legislativo, los exhibe como un régimen fallido, y son igual o peores a gobiernos del PRI y PAN.

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