En colonias de la capital los habitantes advierten que harán justicia por propia mano; casos recientes muestran el hartazgo

 

Por Mario Galeana 

“¡Ratas delincuentes! Estamos hartos de ustedes. Al que se le sorprenda robando o rondando en nuestra colonia… ¡LOS VAMOS A LINCHAR! Autoridades, hagan su trabajo, de lo contrario, ¡vamos a hacer justicia por nuestra cuenta! (sic)”.

A diferencia del resto del texto, las palabras “ratas delincuentes” y “los vamos a linchar” son rojas, como si el mensaje adherido a una barda no fuese lo suficientemente claro.

La colonia es Jardines de San Manuel, en Puebla, una zona con los índices de criminalidad más altos por el constante robo de autopartes y a casa habitación.

Pero esta clase de advertencias no son exclusivas entre los colonos de la zona. Las hay en la colonia Tres Cruces; hacia el norte, en la colonia Casa Blanca; y, fuera de los límites municipales, al sureste, en Ajalpan; y al oeste, en Santa Clara Ocoyucan.

En casi todos lados. El deseo de los pobladores y colonos de aplicar la justicia por su propia mano se ha extendido de manera exponencial.

En 2015, en el estado se registraron 23 intentos de linchamiento; es decir, el 60% de los que se registraron de 1998 a 2014, de acuerdo con una investigación elaborada por académicos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En Linchamientos en México: recuento de un periodo largo, se registran al menos 38 casos donde la población tomó o intentó tomar la justicia por su propia mano durante los 26 años que abarca el estudio.

El año pasado seis personas fueron linchadas en Puebla. Algunas injustamente. El 19 de octubre pasado los ojos del mundo viraron hacia Ajalpan, donde dos encuestadores, Rey David y José Abraham Copado Molina, fueron quemados vivos frente al Palacio de Gobierno municipal, tras ser confundidos con secuestradores.

El caso más reciente ocurrió el 3 de noviembre. Pobladores de Santa Clara Ocoyucan intentaron linchar a un hombre que se hacía pasar por empleado de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para, supuestamente, realizar actos de extorsión.

 

Ojo por ojo

“Sí, tal vez el mensaje es muy fuerte. Pero usted no sabe cuántas veces han asaltado aquí, en esta calle. La semana pasada hubo dos asaltos por lo menos. Muchos vecinos no quisieron que se pusiera la lona, pero la mayoría votamos porque sí”.

María es ama de casa y habitante de Jardines de San Manuel. Piensa que el mensaje prendido sobre la calle 18-A Sur, donde se alerta a los posibles ladrones que serán asesinados, es excesivo por dos razones: la crítica hacia las autoridades y la advertencia de asesinato.

Por eso prefiere ser sólo María, sin apellidos. Han implementado el popular programa Vecino Vigilante, han comprado alarmas, silbatos… pero los atracos no cesan.

¿Por qué ocurren los linchamientos? Algunos aseguran que es por el hartazgo: muchos asaltos, poca atención de la policía.

El gobernador Rafael Moreno Valle reconoció en días pasados que los policías de los 217 municipios se ven, en ocasiones, rebasados.

“A mí me parece que debiéramos tener un Mando Único, creo que en un estado como Puebla existe la necesidad; tenemos 217 municipios y cada vez que uno se ve rebasado tiene que entrar el gobierno estatal a resolver los problemas, si hubiera un Mando Único tendríamos mayor capacidad de respuesta. Pero por supuesto que tomar justicia por mano propia no es el camino”.

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