En medio de la pandemia de Covid-19, las muertes, los contagios, la emergencia y los confinamientos, se abrió un oasis. Una pequeña plazuela recibe a un grupo de personas. Todos con pareja, sombreros y/o paliacates, se dejan llevar por la música que suena al fondo al ritmo de danzón.

Uno de ellos es Gerardo, amigo entrañable y exdirector de orquesta. Un hombre que ha padecido esta emergencia sanitaria en una de las zonas más habitadas del país.

“Gera”, como le dice su esposa y pareja de baile, es un tipo politizado, siempre echado para adelante que, como muchos de nosotros con esta pandemia con las escabrosas idas y venidas de políticos y partidos, a veces extravía las ganas de bailar.

Sin embargo, Don Ger como le dicen los vecinos, no es el típico pesimista, pero la soledad y la desesperanza del último año lo han llevado a pensar que la brújula de nuestro paíssigue extraviada y no hay muchas formas de avanzar.

“Flaco”, como le decían sus amigos del fútbol de su juventud, no tiene el perfil del disconforme que se opone a todo lo expresado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero los discursos repetitivos, el sin fin de argumentos en sus conferencias matutinas y las palabras de sus spots por el Tercer Informe, le parecen huecas frente a su realidad.

Desde hace más de 40 años, analiza para los suyos de una forma empírica, pero muy digerible, a Gobiernos, gobernadores y presidentes, y jamás ha estado de acuerdo con ninguno. A los azules los llamó asesinos, a los rojos, ladrones y a los guinda, hipócritas.

Después del Tercer Informe de López Obrador, filosofa para sus conocidos sobre el mandatario y la oposición: “Ninguna conducta lleva más al fracaso que el aplauso barato, ninguna inspira más a superarse que la crítica frontal”.

Gerry, como le dicen en el trabajo, nota que la 4T y su amado danzón tienen similitudes y cosas diametralmente opuestas.

Ambos son de ritmo lento, aunque el Gobierno de AMLO carece del orden que se requiere en el baile. En ambos, todos los actores bailan bajo la misma música, solo que en la 4T todos se mueven al ritmo que les pide el presidente, sin la elegancia propia de la danza venida de Cuba.

El danzón en sus inicios fue para los relegados, los marginados y las clases bajas, algo a lo que ha aspirado representar Morena y su presidente, aunque como el danzón en la actualidad, ya es una fiesta de grandes salones y orquestas que lo reproducen y lo visten, lejano de su raíces.

Gerardo, un amante obsesivo de la música, dice que como en el danzón, el tercer informe debería ser una oportunidad de hacer una pausa y repensar el ritmo del país.

Mientras baila con su pareja y sueña con regresar a los grandes festejos, Gerardo vuelve a convertirse en un ciudadano atípico, uno que cuestiona y critica, se apasiona por su país, pero analiza, no generaliza y todos los días le entrega su sabiduría a los demás, acompañado de elegantes pasos.

 

@Olmosarcos_

Máscaras escribe Jesús Olmos