El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que una nueva ronda de conversaciones con Irán podría realizarse en Islamabad en los próximos días, en un intento por destrabar el conflicto en torno al programa nuclear iraní.

Las negociaciones, consideradas históricas por tratarse del primer contacto directo de alto nivel desde la Revolución Islámica de 1979, concluyeron sin avances. Mientras Washington exige una suspensión de hasta 20 años en el enriquecimiento de uranio, Teherán propone un plazo mucho menor, de entre tres y cinco años, lo que ha impedido alcanzar acuerdos concretos.

Además, Estados Unidos busca que el material nuclear altamente enriquecido sea retirado del país, mientras que Irán insiste en un proceso de reducción progresiva. Esta diferencia clave mantiene estancado el diálogo diplomático.

Tras el fracaso de las conversaciones, Washington ordenó un bloqueo naval contra puertos iraníes, intensificando la presión en el Golfo. Sin embargo, reportes independientes señalan que varias embarcaciones lograron cruzar el Estrecho de Ormuz, lo que genera dudas sobre la efectividad de la medida.

En paralelo, Israel ha endurecido su postura. El jefe del Mossad, David Barnea, afirmó que las operaciones continuarán hasta provocar un cambio de régimen en Irán, elevando la tensión regional.

El contexto político también pesa: una encuesta reciente revela que solo el 24% de los estadounidenses considera que este conflicto ha valido la pena, en medio de la cercanía de las elecciones de medio término en Estados Unidos.

La posibilidad de retomar el diálogo en Pakistán abre una ventana diplomática, aunque el escenario sigue marcado por la incertidumbre y el riesgo de escalada.

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